La servidumbre voluntaria –que todo lo legitima y que todo lo acata- suele construirse sobre la convicción de que el paraíso es básicamente material. Nace de la convicción por parte de los opresores (¡y lamentablemente de muchos oprimidos!) de que la gente se conforma con todo, siempre y en cuanto se le permita consumir. Nace de la convicción de opresores y oprimidos de que: vivir bien es mejor que luchar por la vida buena, sobre todo si se pone en peligro la buena vida.
La servidumbre voluntaria nace del olvido de que la vida buena es una aspiración que va mucho más allá de la buena vida. Eso tan básico deja ya de ser comprensible, deseable, pensable, objeto de voluntad o de anhelo... Y pasa a ser algo absolutamente inexistente, incomprensible, invivible...
La servidumbre voluntaria suele nacer de la aceptación de un contrato que no se aleja demasiado al que firma Fausto con Mefistófeles. Algo así como: satisfáceme y te obedeceré, colma mi cuerpo y de daré mi alma. Otros dicen: dame pan y me plegaré a ti; mantenme y olvidaré cualquier otro deseo; dame la buena vida i menospreciaré la vida buena. Hoy decimos: ¡Déjame consumir y dejaré de pensar! ¡Satisface mis bajos deseos y yo mismo arrasaré con cualquier otro deseo y cualquier gran aspiración que sienta nacer en mi mismo!
La servidumbre voluntaria suele nacer de la aceptación de un contrato que no se aleja demasiado al que firma Fausto con Mefistófeles. Algo así como: satisfáceme y te obedeceré, colma mi cuerpo y de daré mi alma. Otros dicen: dame pan y me plegaré a ti; mantenme y olvidaré cualquier otro deseo; dame la buena vida i menospreciaré la vida buena. Hoy decimos: ¡Déjame consumir y dejaré de pensar! ¡Satisface mis bajos deseos y yo mismo arrasaré con cualquier otro deseo y cualquier gran aspiración que sienta nacer en mi mismo!
