Un segundo presupuesto compartido por la mitología griega y la religión judaico-cristiana es que la tecnología adviene a la humanidad a causa de un vacío, de una ausencia, de una carencia y de un fallo, imputables a la vez a la propia humanidad y a agentes ajenos a ella.
Así, el salto prometeico de mayor libertad,
indeterminación, potencia y autocreación técnica de la humanidad se ha
producido como enmienda y superación de una primera naturaleza o donación epimeteica, marcada por
la carencia, el error y el vacío.
Como ha visto muy bien, Bernard Stiegler
(2018), precisamente gracias al error de Epimeteo, que deja infradotada o vacía
la naturaleza humana, interviene Prometeo rompiendo el orden cósmico y creando
no sólo una nueva especie, sino un nuevo tipo o 'género' de ser (como se decía tradicionalmente);
el cual es profundamente disruptivo, pues evoluciona genética y biológicamente
pero también cultural y tecnológicamente, y rompe todos los esquemas
ontológicos previos.
















