May 13, 2014

¿HEGEL ANTIIDEALISTA?

¿Es Hegel tan idealista como dice el tópico? ¿Encaja el complejo idealismo filosófico, epistemológico y ontológico de Hegel con las concepciones vulgares de idealismo? Si buscamos los conceptos de “idealista” o “idealismo” en un diccionario ¿se corresponden con la filosofía hegeliana? ¿Cómo tenía que ser el idealismo hegeliano para haber fascinado pensadores tan materialistas como Marx? ¿Es incompatible el idealismo hegeliano con el realismo político o con valorar la decisiva importancia en las acciones humanos de lo pasional y carnal?
 
Estas cuestiones son clave para entender un pensador tan complejo como Hegel. Incluso son cuestiones clave para que Hegel pudiera totalizar y comprender quizás el más complejo momento de la historia: el paso de una modernidad todavía ligada a lo clásico a una sociedad contemporánea (quizás ya postmoderna) para la cual lo clásico es ya sólo un sueño. No olvidemos que Hegel culmina la filosofía moderna y clásica, al mismo tiempo que inaugura una contemporaneidad completamente amenazada de alienación, sospecha y ruptura entre individuo y colectividad.
 
El peculiar y complejo idealismo dialéctico de Hegel le es esencial para superar y sintetizar tradición e innovación, clasicidad y ruptura, racionalismo e irracionalismo, Ilustración y Romanticismo, quizás modernidad y postmodernidad… Inevitablemente el último gran sistema totalizador de la historia –que es el hegeliano- tan sólo podía surgir de una muy compleja dialéctica entre idealismo y realismo, espiritualismo y materialismo, racionalismo e irracionalismo.


Sólo así, Hegel conseguía integrar superándolos pensadores tan diversos como Heráclito, Aristóteles, Spinoza o Kant. Y a la vez, anticipar muchos pensadores contemporáneos de Marx a los existencialistas, de Husserl a la Escuela de Frankfurt, de Max Weber a Carl Schmitt, de Fukuyama a Huntington, e incluso prestar más de un trampolín filosófico para pensadores tan “aparente y absolutamente otros” como Nietzsche y Freud. Sólo así se entiende –por ejemplo- que Lenin afirmara que “En la obra más idealista de Hegel hay el mínimo de idealismo y el máximo de materialismo”.
 
Hegel despliega la complejidad comprensible de alguien que reflexiona a partir de los grandes conflictos existenciales e históricos, que piensa lo real efectivo y que por tanto es a la vez  -complejamente- idealista, realista e incluso materialista. Pues Hegel piensa que tanto el conocimiento de la realidad material como la realidad cognoscible son idea, y que la historia solo avanza mediante conflictos que movilizan a la gente con todos sus intereses, deseos, pasiones…, es decir “en cuerpo y alma”, a sus instituciones y leviatanes y a su naturaleza, a sus ideologías y aspiraciones y a sus necesidades materiales. Si Hegel quería ser filósofo de la totalidad, nada humano le podía ser ajeno incluyendo las pasiones, carnalidades, debilidades, trampas y alienaciones constitutivas de la forma humana de vivir.
 
Por tanto hay que ir muy prevenido cuando se lee en las enciclopedias, los manuales y los diccionarios que “Hegel es un idealista”. Pues tras esa “verdad” hay toda la complejidad de un sentido muy específico y técnico de “idealismo” que en absoluto encaja con los significados habituales del término. Pero ¿Cuál es pues el “idealismo” que caracteriza a Hegel?
 
En primer lugar tenemos que avisar al amable lector que muy difícilmente encaja Hegel en la mayor parte de los sentidos cotidianos de "idealismo". Aún más, su pensamiento, su filosofía y su persona son a menudo menospreciados por carecer totalmente de los componentes "simpáticos" que normalmente acompañan a los que vulgarmente denominamos "idealistas". Vamos pues a detallar ahora algunos de los sentidos más corrientes que tiene el término "idealismo o idealista" y veremos si se aplican o no a Hegel.
En primer lugar, “idealista” es sinónimo cotidianamente de "visionario" y "quimérico". De aquel tipo de persona que voluntariamente o por tendencia natural suele vivir en un mundo propio ficticio que poco tiene que ver con el real. Alguien que sueña o se imagina mundos irreales y que está más preocupado por el "más allá" que no por el ahora y aquí.
 
A pesar de conocidas burlas originadas por gente que ha fracasado en su comprensión de Hegel, este sentido de idealista es, indiscutiblemente, de muy difícil aplicación a nuestro autor. Pues muy al contrario, Hegel se preocupa primordialmente -y así lo manifiesta muchas veces- por la realidad histórica, por el que efectivamente hay ahora y aquí y desprecia con gran sarcasmo las visiones del más allá o los mundos ficticios.
 
Hegel insiste en que la tarea máxima de un filósofo es comprender y conocer su tiempo y su sociedad. Así se propone conocerlos en el aspecto político amplio en su Filosofía del derecho; en sus orígenes y hechos históricos en las Lecciones de filosofía de la historia universal; en la estructuración sistemática, global y rigurosa de su saber en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas; en la tradición filosófica a partir de la cual comprender la propia filosofía y la de sus coetáneos en su Historia de la filosofía; en la reconstrucción del periplo cognoscitivo que necesariamente cualquier conciencia tiene que llevar a cabo para poder llegar a la comprensión correcta del propio tiempo en su Fenomenología del espíritu, etc.
 
Por tanto no ha de sorprender que las preocupaciones capitales de Hegel sean por ejemplo la Revolución francesa; la Reforma protestante; el tipo de vida y eticidad en la Grecia clásica, especialmente en contraposición con las de su propia época; el papel y sentido de la religión y –concretamente- del cristianismo; la necesidad de elaborar un sistema coherente y completo del saber; la constitución alemana y las reformas inglesas...
 
Por ello tiene razón Lukács cuando en su libro El Joven Hegel recuerda que el modo hegeliano “de orientarse respeto de los más grandes acontecimientos históricos de su época, tiene aún otro rasgo característico que le distingue de todos sus contemporáneos en lo ámbito filosófico. Hegel no sólo es el filósofo que más profunda y adecuada comprensión tiene en Alemania de lo esencial de la Revolución francesa y del período napoleónico, sino, además, el único pensador alemán del período que se ha ocupado seriamente de los problemas de la Revolución industrial ocurrida en Inglaterra, y el único que por entonces puso en relación los problemas de la economía clásica inglesa cono los problemas de la filosofía de la dialéctica.”
 
Aún más, Lukács considera que Hegel culmina la filosofía clásica alemana y la dialéctica, siendo por tanto el pensador clave para: “la crisis de crecimiento entonces dominante en las ciencias de la naturaleza, los importantísimos descubrimientos que conmovieron por entonces los fundamentos de la ciencia natural, el origen de la nueva ciencia química, el planteo del problema de la genética en las diversas investigaciones biológicas, etc., son hechos que han desempeñado un papel propiamente decisivo en la constitución de la dialéctica en el seno de la filosofía clásica alemana.”
 
Hay que reconocer, ciertamente, que estas preocupaciones son muy poco corrientes entre los filósofos “especulativos”, pese a ser absolutamente centrales en el primer tercio del siglo XIX y hoy mismo. Por ellos, las respuestas que Hegel dio a estas cuestiones, aun siendo a menudo expresadas en su complejo lenguaje, siempre parten de un análisis riguroso y realista, y en ningún caso recurren ni presuponen intervenciones mágicas, del más allá u otros elementos visionarios.
 
Por otra parte, uno de sus aspectos más criticados –que el espíritu universal se realiza en el mundo y en la historia y que es posible alcanzar el saber absoluto en la medida que se está a la altura de la realización efectivamente alcanzada por aquel-, es una formulación ciertamente ambiciosa y aún rimbombante, que por otra parte era corriente en una época de grandes esperanzas y grandes conflictos como lo es la que sigue a la Revolución francesa. Así Hegel está afirmando –como harán otros más tarde- su plena confianza en el progreso lineal y racional de la humanidad en la historia, que acabará alcanzando el conocimiento más adecuado, al menos en relación al correspondiente estadio humano de desarrollo.
 
La declarada confianza en el progreso humano, que se convertirá incluso en un lugar común decimonónico, es argumentada por Hegel de una manera mucho más rigurosa y preocupada por los detalles y acontecimientos concretos que no, por ejemplo, por Condorcet o Auguste Comte. Aún más, frente al optimismo muchas veces ingenuo de éstos, Hegel nunca olvida que los conflictos son inevitables así como sus consecuencias negativas. Hegel se muestra muy realista, consciente del fondo trágico del progreso y el desarrollo histórico (lo que llamamos su “pantragicismo” o "panagonismo"), e incluso sarcástico: “Las épocas felices son páginas en blanco en el libro de la historia” –dice-.
 
La confianza en último término en la razón y en el progreso es para Hegel la única manera de explicar el mundo y su historia, sin recurrir a imaginaciones, postulaciones de intervenciones divinas, milagros o elementos mágicos, a casualidades inexplicables y toda una serie de explicaciones –todavía muy corrientes en su época- mucho más "visionarias y quiméricas". Así, por ejemplo, se niega a argumentar partiendo de la intervención personal de dios en el mundo, la presuposición del famoso “Estado de naturaleza” tan importante para Hobbes, Locke o Rousseau, las historias sagradas, los mitos, etc.
 
Hegel es antiidealista en estos sentidos del termino (y en muchos otros que desarrollaremos más adelante). Pues solo és "idealista" en un muy complejo y concreto sentido filosófico (que también veremos). Entre estos muy diferentes sentidos se encuentra el enigma Hegel que tanto ha fascinado a partidarios y enemigos. Unos y otros han llevado a cabo el más evidente homenaje a un filósofo, pues tanto el amor como el odio ponen de manifiesto igualmente que la indiferència o el olvido son totalmente impossibles. Así lo constatamos en nuestro libro Hegel. Dialéctica entre conflicto y razón. Es nuestro pequeño e inconcluso homenaje.
 

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