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BOOK PUBLICATION - Interrelación filosófico-jurídica multinivel. Estudios desde la Interconstitucionalidad, la Interculturalidad y la In...

Aug 5, 2013

MI PROFESOR ES UN MOOC

De triunfar, los MOOCs (Massive Open Online Courses o cursos abiertos telemáticos y masivos) podrían dar el paso definitivo para romper las paredes de las aulas; para liberar la clase del talento (o no) del ajetreado profesor allí presente; para dejar sin sentido las tradicionales hileras de sillas y mesas mirando frente a frente a una pizarra; para volver obsoletos aquellos buenos modos de pedir la palabra levantando la mano y esperando que el profesor lo viera y se la otorgara…

O yendo a lo verdaderamente esencial, los MOOCs serían la culminación de la destrucción de una ontología de la realidad donde el saber es “poseído” por unos pocos, mientras todos los demás no pueden acceder a él sino a través de la pleitesía y la imitación de aquellos pocos “poseedores”. Una concepción cerrada del saber donde éste y el conocimiento no son algo abierto a cualquier investigador, es decir: algo que uno hace en función de los propios intereses –evidentemente en colaboración con los demás, literalmente con todo el mundo-.

Al contrario el saber continuaría siendo algo poseído por alguien, al que debes someterte de alguna manera para que te pueda “educar” transmitiéndote su saber. Y lo que es peor: al mismo tiempo y de forma prácticamente inseparable con “su” saber, transmite también todas sus limitaciones, presuposiciones, valores e ideologías. Es decir una educación y transmisión (cosas en principio absolutamente importantes y que no criticamos) llevada a cabo con independencia de los intereses y valores del receptor -que así no puede emanciparse-; sino con los intereses del emisor que, por tanto, conserva sobre el primero algún tipo de tutela, superioridad o colonización intelectual.

Normalmente los MOOCs presuponen las teorías connectivistas del saber (G. Siemens, S. Downes…). Así culminan la evolución durante las últimas décadas en la concepción de la educación y la transmisión del conocimiento. Así por ejemplo se destaca la capacidad innata de los humanos para construir espontáneamente saber y llegar al conocimiento interactuando libre y espontáneamente tanto con el mundo como con el resto de la humanidad.

Tal capacidad humana de construir libremente el saber está ampliamente constatada con el largo proceso de humanización, con la creciente alfabetización posterior a la revolución neolítica y acelerada con la modernidad, y –especialmente- con las revoluciones tecnológicas y cognitivas de las últimas décadas. En todos estos procesos hemos constatado sin duda importantes ejemplos de aculturización basada en la relación maestro-discípulo, pero muchas más basadas en la libre búsqueda de conocimiento en función de los propios intereses y necesidades.

Evidentemente negamos que la investigación y el conocimiento se producan en soledad, que sin duda suele ser muy negativa cuando es permanente. También negamos que la mejor situación de aprendizaje sea aquella donde el “educando” o el que se hace preguntas, tiene que estar necesariamente sometido a la disciplina y obediencia del que “posee el saber”

Los MOOCs reivindican, en cambio, el alto valor innovador y creativo que surge de la activa interacción, de cada uno y a partir de las propias motivaciones, con la potencialmente infinita red de aquellos que se plantean cuestiones similares y tienen informaciones relevantes (aunque a veces parciales).

Los MOOCs se basan en la constatación del gran poder cognitivo que surge cuando un gran número de motivados investigadores convergen e interactúan en una eficaz red investigadora y de apoyo mutuo. Ese parece ser el mejor entorno de aprendizaje y creación, a la vez mucho más libre y productivo que la simple imitación de un maestro o, incluso, la lecciones magistrales de éste (presuntamente quintaesenciadas).

Las teorías pedagógicas más avanzadas y los MOOCs proponen un modelo alternativo al modelo de la “lectio” escolástica medieval. También se oponen al modelo universitario alemán (a partir de la creación de la Universidad de Berlín -1810- por Wilhelm von Humboldt) que unía docencia e investigación y que todavía es la base de muchas famosas universidades actuales

Estudios comparativos afirman que la mayor diferencia entre la lección magistral y la autónoma interacción creativa no se da en cuanto a la atención que genera en el alumnado (que es muy similar). Pero sí se da en cuando a la motivación e implicación de los educandos, que es muy superior a la pasiva lección magistral tradicional; también se da en la memorización y capacidad de recordar a largo plazo lo aprendido (algo que siempre suele estar en vinculación con el nivel de motivación e implicación personal en el momento del aprendizaje).

La diferencia en favor del la autónoma interacción creativa y por encima de los sistemas tradicionales se da, sobre todo, en el aprendizaje de complejas habilidades y de la capacidad de aplicarlas creativamente a nuevas circunstancias. Es decir a la indudable mejora y superioridad en cuanto a motivación, implicación y a la capacidad y fiabilidad de recordar lo aprendido, se añade una mejora aún mucho más amplia en el uso creativo de complejas habilidades en entornos cambiantes y no previsibles.

Evidentemente el acelerado cambio tecnológico, en las actitudes vitales y cognitivas, y en la sociedad postindustrial del conocimiento, es el más claro ejemplo de entorno cambiante, no previsible y que exige de la población respuestas creativas y rápidas adaptaciones. Todo eso lo potencian extraordinariamente los MOOCs, que además permiten el acceso de las enormes masas que configuran hoy la humanidad con costos mínimos sino gratuitos.

De hecho se ha constatado y yo mismo lo considero una cuestión del todo primordial que, en la actual turboglobalización cognitiva y tecnológica, es mucho más importante (que haber adquirido unos ciertos conocimientos) haber construido una eficaz red personal de interacciones con partners o pares muy implicados en búsquedas cognitivas y recíprocamente solidarios. También es mucho mejor estar bien preparado para tipos de comunicación horizontales (entre pares) que no estar bien adaptado a las verticales (más disciplinadas, de obediencia o de mera emulación).

Cada vez más, los tiempos exigen y uno vale profesionalmente (quizás también en otros aspectos) lo que valen sus capacidades para interactuar creativa y eficazmente en una red cognitiva y personal. Tanto como lo que sabemos o podemos hacer nosotros mismos, lo que importa es lo que podemos hacer o saber movilizando rápidamente nuestra red de contactos y recursos. De hecho estas afirmaciones resultan del todo compatibles con las teorías conexionistas actuales.

Todo indica que para adaptarse a nuestro presente angustiante, pero también abierto a oportunidades y retos, nada mejor que un modelo pedagógico basado en “quests” telemáticas que emulen, lo más rigurosamente posible, las condiciones reales de investigación y que pongan a prueba la red de apoyos e interlocutores que cada uno de nosotros dispone (o debe disponer).

El término “quest” y la evolución actual de su sentido es muy interesante: en principio significa “búsqueda” y tiene una clara relación etimológica con “question”, pregunta o cuestión. Ahora bien, en la actualidad cada vez se usa más con el sentido de “aventura”. Y la explicación nos parece clara: la sociedad moderna cada vez más basada en el conocimiento (y también en el espectáculo) tiende a interpretar las búsquedas y las preguntas como “aventuras” cognitivas (que Hollywood ha espectacularizado con personajes como el arqueólogo Indiana Jones).

Supongo que es una manera para hacer de la obligación deseo, hacer más atrayente lo que es necesario y legitimar la realidad empírica de la sociedad del conocimiento y el capitalismo cognitivo. Aunque continua al espectacularización de figuras como “el científico loco” tan importante en otros tiempos (del Dr. Frankenstein de Mary Shelley o Metrópolis de Fritz Lang hasta muchos malvados de los cómics y las películas de James Bond) hoy se tiende a ver a los aventureros cognitivos de una manera más amable y positiva (objetivo confesado de Steven Spielberg).

Pero volvamos a las innovaciones educativas de los MOOCs. En primer lugar sustituyen a los tradicionales profesores por “facilitadores” que tienen un papel mucho menos omnipresente y directivo en el proceso educativo. 

El profesor tradicional era pensado como un experto que “sabe” (tiene predeterminado totalmente) la meta cognitiva a la que deben llegar “sus” alumnos. Por eso el modelo educativo tradicional daba al profesor el papel primordial, en cambio los alumnos debían ser como la cera o la arcilla en manos del profesor. Los alumnos debían dejarse modelar por el profesor o la escuela; debían depositar toda su confianza y esfuerzo en seguir estrictamente el método propuesto por aquél (recordemos que la etimología de “método” es “camino” y que normalmente era pensado como lineal, unidireccional y con un solo camino válido entre A y B).

Siguiendo los métodos más modernos, los MOOCs proponen una metodología más participativa, proactiva, autónoma, abierta y libre. Es cierto que continúa habiendo una cierta meta, pero ésta es más bien definida como una “quest”, es decir una investigación abierta y que no predetermina totalmente el resultado. Ciertamente con los actuales retos y cuestiones tan complejas, multidisciplinares y macrocompuestas de otras subordinadas, se imponen perspectivas postdisciplinares que reconocen el error de limitar, confinar o predeterminar las posibilidades de aportaciones innovadoras.

Es cierto que en los MOOCs también hay la inevitable figura de los “planificadores”, es decir los que lo diseñan, construyen y desarrollan. Pero como en el caso de los “facilitadores” juegan un rol mucho más limitado y muchísimo menos omnipresente en el proceso educativo que los profesores tradicionales.

Así como el profesor tradicional era en todo momento el planificador omnipotente (recordemos el derecho de cátedra para evitar coartar su libertad de expresión) y el principal agente del proceso educativo. En cambio los “facilitadores”, en los MOOCs, se limitan a ayudar a superar los bloqueos a los estudiantes y asesorarlos en sus decisiones cognitivas.

Pues son los estudiantes mismos los principales agentes y señores de su propio proceso educativo. Además éste, como corresponde, a una sociedad de masas en red telemática se construye interaccionando con todo el potencial de Internet

De tal manera que és el propio MOOC los más cercano a la figura del viejo y entrañable profesor. Así como se decía que "es toda la tribu la que educaba", pues ahora lo es toda la red telemática y cognitiva accesible, es decir todo el MOOC.

2 comments:


  1. Hola Gonçal,
    He disfrutado con la lectura de este post, cuya temática, hasta ahora prácticamente desconocida para mí, me parece muy interesante. Comparto plenamente la apuesta por una concepción del saber abierta, interactiva y universal, y apuesto claramente por el “alto valor innovador y creativo que surge de la activa interacción, de cada uno y a partir de las propias motivaciones, con la potencialmente infinita red de aquellos que se plantean cuestiones similares y tienen informaciones relevantes".
    Igualmente coincido en la crítica a la concepción jerárquica, disciplinaria y marcadamente individualista del aprendizaje y del conocimiento y, sobre todo, a las dinámicas de funcionamiento de unas instituciones docentes que, en no pocas ocasiones, más que contribuir a la emancipación individual y colectiva mediante la transmisión del saber y del uso de la capacidad de pensar, se han dedicado más bien al adoctrinamiento, a la producción de “saberes disciplinarios” cuya función latente (lo que algunos autores denominan “currículum oculto”) consiste, más allá de proporcionar conocimientos teóricos y prácticos, en inculcar hábitos de disciplina, sumisión a la autoridad, creación de rutinas y demás mecanismos encaminados a predisponer a la población al acatamiento del orden económico, social, político e ideológico existente. En suma, a convertirnos en sumisas y predecibles piezas del engranaje de la fábrica, del marketing y del Estado.
    Sin embargo, este nuevo, y prometedor, escenario me plantea algunas dudas. La primera parte de la apuesta –que hago mía- del conocimiento como algo que, en su concepción más genuina, se cimenta a menudo contra las apariencias, contra las supuestas evidencias del sentido común y que, por tanto, exige el cuestionamiento de las ideas dominantes, la reflexión, la formulación de interrogantes incómodos y el distanciamiento de los clichés, de los lugares comunes. Pues bien, partiendo de esta base tengo dudas sobre la capacidad y, sobre todo, la predisposición, de esta nueva concepción conectivista e interactiva del conocimiento para facilitar este necesaria fase de distanciamiento. Dicho en otros términos: en su libro La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn plantea la dicotomía entre la fase “normal” del conocimiento científico, en la cual los descubrimientos, ideas y aportaciones se realizan y difunden sin cuestionar las bases epistemológicas y ontológicas que lo sustentan, y las fases revolucionarias, en las cuales asistimos a un cuestionamiento radical tanto de las teorías dominantes como de dichas bases. La pregunta que formulo, en este sentido, es si la conectividad constante y el trabajo en red favorecerán estas fases –las más creativas- o si, por el contrario, tenderán, por la fuerza del número y por la lógica competitiva basada en conseguir el máximo de seguidores, de publicaciones y de impacto, a no cuestionar las ideas dominantes, a limitarnos a aportar ideas nuevas al tronco central del conocimiento, sin atreverse a intentar levantar otro nuevo.
    La segunda duda hace referencia a la capacidad y, una vez más, a la predisposición de esta concepción abierta del saber para alentar el aprendizaje y la producción del conocimiento entendidos como un proceso, en ocasiones largo, laborioso y lleno de dudas y cavilaciones, que requiere tesón, ganas y, sobre todo, tiempo. En este sentido, y si bien es cierto que la participación libre en redes de conocimiento abiertas permite multiplicar el intercambio de ideas, datos y aportaciones, y si bien es cierto que todo ello estimula la creatividad y la imaginación, no sé si la necesidad de aportar e intercambiar rápidamente ideas, proyectos y datos, así como de estar permanentemente conectados, constituye un obstáculo, potencialmente grave, a este necesario proceso lento. Si Kant viviera hoy, sin duda tendría a su alcance un montón de datos, ideas y teorías que le servirían de estímulo, pero ¿podría acaso disponer del tiempo y el sosiego necesario para madurar sus revolucionarias e incisivas ideas?

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