Mar 19, 2014

¡TERRIBLE EXISTIR!


¿Es el sujeto un proceso en devenir y no una substancia o esencia? ¿Somos o nos vamos haciendo? ¿Nos hacen los otros?¿Por qué el existir humano es tan conflictivo y terrible?  ¿La subjetividad según Hegel se construye y “desconstruye” –en el sentido de Derrida- dentro del proceso social e histórico? ¿Cómo piensa Hegel el vivir humano? ¿Vivir es dialéctico? ¿Cómo piensa la modernidad el arte de vivir? ¿Es muy diferente de la antigua filosofía como forma de vida (Pierre Hadot)?

Me pregunta el profesor peruano Miguel Ángel Nación Pantigoso: “Usted ha señalado algo que es transversal, no solamente en la obra de Hegel. Es el tema de la formación social. Finalmente si existe una conciencia es una conciencia en construcción social que se da dentro de un proceso social, y la conciencia pierde su aspecto trascendental y entra a la historia y se construye en la historia. Esto me parece que es un aporte muy significativo en el tratamiento de la subjetividad. Usted ha tratado la historia de la subjetividad, es una de sus líneas de investigación. Quisiera saber ¿Cuál cree que es la implicancia que tiene la perspectiva hegeliana dentro del abordaje de la subjetividad?, ¿cuál cree que es el impacto que ha producido la perspectiva hegeliana para el abordaje de la subjetividad?” 

Y yo contesto: Tiene una importancia enorme. La influencia de Hegel para el actual abordaje de la subjetividad y del reconocimiento es enorme. Kant es quizá el filósofo más importante de todos los tiempos, pero Hegel es el pensador que permite ver cómo nos vamos construyendo o desconstruyendo. Recordemos que la “desconstrucción” derridaniana parte de Heidegger y Hegel. La humanidad se está construyendo y desconstruyendo contínuamente bajo diferentes figuras de la conciencia, diferentes formas de subjetividad, diferentes cosmovisiones, etc. Y cómo éstas tienen una relación entre sí, Hegel las piensa como un desarrollo dialéctico.  

Creo que aquí Hegel introduce una novedad histórico-filosófica clave. Y allí La fenomenología del espíritu se convierte en uno de los cuatro o cinco grandes libros de la historia de la filosofía que todos debemos leer. La fenomenología es un libro que nos muestra cómo una conciencia no educada e inmediata va desarrollándose y construyéndose a base de chocar con lo otro de sí y consigo misma (es decir sus aspiraciones y proyecciones de lo otro de sí y de sí misma). Además, cada vez define mundos que en muchos casos son históricamente concretos, situables y describibles como realidades objetivas y -a la vez- como interiorizaciones subjetivas.  

Las primeras figuras de La fenomenología son figuras gnoseológicas, epistemológicas y que encontraremos universalmente en cualquiera. Vienen a ser algo así como figuras clave de la evolución filogenética de la humanidad, que todos rehacemos en nuestra infancia y donde nos constituimos casi por igual. Pero a partir de la dialéctica del amo y del esclavo, se vuelven figuras de conciencia colectiva con un valor histórico-cultural: escepticismo, conciencia desventurada, etc. Así reconocemos la ilustración, la polis griega, el debate del helenismo, etc.  

En el apartado “Religión” sucede igual, pues hay una historia de las figuras de las conciencias religiosas. Para Hegel, la religión es clave para la subjetivización humana; por eso -con el arte y la filosofía- forma parte del “espíritu absoluto”. Tenemos allí prácticamente una selección de los grandes modos en que la humanidad se ha construido, se ha subjetivado e individualizado.  

Sin embargo, Hegel no lo agota, pues de 1807 al 2014 han pasado más de doscientos años, doscientos años “locos”, de evolución y novedades increíbles. Incluyen guerras mundiales y “guerras frías”, siempre bajo la amenaza o la realidad de bombas atómicas, genocidios, gulags y limpiezas étnicas. Se ha producido independencias, descolonizaciones y nuevos tipos de imperialismos.  

Se han sucedido –como mínimo- tres o cuatro importantes revoluciones tecnológicas (la última quizás postindustrial) y –evidentemente- Hegel no llegó ni a vivir plenamente la primera revolución industrial (y por tanto no pudo pensarla). No puede pues Hegel prever el impacto subjetivizador de las nuevas tecnologías, la sociedad del espectáculo, las masas e ideologías, el exacerbado consumo, etc., etc., etc.  

A pesar de ello, yo diría que a las figuras clásicas de la consciencia, Hegel las elabora muy bien y no sólo en La fenomenología. Pues también podemos encontrarlas en las Lecciones sobre la historia de la filosofía,Las lecciones sobre filosofía de la historia universal, en sus clases yapuntes de religión, en su Filosofía delderecho o incluso en la Ciencia de laLógica. No sé quién dijo que la ciencia de la lógica es también una historia de la filosofía esotérica, aunque sin citas explícitas. Por eso cualquier conocedor de la historia de la filosofía sabe que la hegeliana “lógica del ser” es en gran medida la filosofía griega del ser o que con la “lógica del fenómeno” entramos en la modernidad, etc.  

En toda su obra, aunque sea de forma más recóndita, Hegel está mostrándonos ese hecho tan importante y decisivo: el ser no es plenamente, hasta que sabe que es y conoce lo que es. Solo cuando sabes lo que eres, pues realmente eres lo que sabes que eres. Porque hasta ese momento eras en potencia, en sí o, incluso, alienadamente. Como luego Nietzsche, Hegel reflexiona mucho y bien a partir del dictum griego «atrévete a ser el que eres».  

Nietzsche, otro autor importantísimo, lo aceptará como leitmotiv de su pensamiento porque no se es plenamente, si no se tiene el valor de mirarse a los ojos y descubrir exactamente lo que se es, aceptar lo que se es y vivirlo con todas sus consecuencias 

Yo creo que actualmente —y en eso somos todos hegelianos y nietzscheanos— el reto más importante que tenemos es ese: atrevernos a ser lo que somos, mirarnos a los ojos y reconocernos, reconstruirnos, construir una identidad y una subjetividad a partir de lo que somos. Evidentemente, si lo hacemos en el vacío o sobre las imágenes de Hollywood, es alienación pura y dura.  

Pero incluso bajo las alienaciones contemporáneas, vivimos bajo un cambio histórico radical. Pues en la historia de la humanidad, casi siempre a la gente se le dijo lo que tenía que ser y lo adecuado era ser lo que te habían dicho que tenías que ser. En el fondo los maravillosos héroes griegos lo eran porque conseguían ser en grado de excelencia y perfección, lo que se les había dicho que eran, lo que “su destino” dictaminaba 

Tales figuras clásicas del pensamiento hoy han cambiado, por eso hoy es más difícil: ser. Ortega y Gasset ya decía agudamente que la existencia y nuestro ser se han vuelto tarea y “quehacer” para nosotros. Es decir, tenemos que hacer tarea de nuestro ser, somos “homo faber”, “laborans”, “artesanos” o “artistas creadores” de nosotros mismos. Pero como podemos ver, hay diferentes niveles y grados en esas posibilidades. Incluso me atrevería a decir que la postmodernidad ha dado un paso más para que nosotros pasemos a ser opus/creación de nosotros mismos y ya no de Dios o incluso de la sociedad. 

En todo caso, ya no podemos dar por supuesto nuestro ser. No podemos decir:  yo soy lo que soy, lo que me dicen que soy y ya está. No. Al contrario, eres un proyecto de ser, algo lanzado allí que necesitas reconocer, desarrollar, constituir, crear… tomando terribles decisiones sobre lo que aceptas o no. Y eso es lo que hoy consideramos que da grandeza, creatividad, subjetividad, genio, expresividad, autenticidad, libertad, individualidad… Y sin duda es de una dificultad enorme, pues presupone decisiones continuas sobre lo que se te pide, lo que se te exige, lo que tú crees que eres, lo que probablemente eres (¡no siempre es lo mismo!), lo que sientes que debes, lo que desearías ser, lo que sabes que no puedes ser porque no va contigo, etc.  

Ello supone -y en eso Hegel también era muy duro- asumir que no tienes guía para ser ni construirte como sujeto; pero a la vez que mucho de lo que deseas, no te será dado y es puro espejismo. Por tanto eres como un explorador perdido en el desierto infinito (que Jorge Luis Borges decía que era el peor laberinto pues no había ni tan siquiera paredes), donde nada te indica el camino; ¡pero no por ello han desaparecido los límites e imposibilidades!  

Es decir: hoy ser o querer ser es una lucha constante, infinita, sin guías y con límites invisibles. Por eso ser y el sujeto se han convertido hoy en una tarea quijotesca: literalmente pues cuesta ver la diferencia entre el ideal que has leído, la pura utopía y la cruda realidad. Estamos prisioneros de la paradoja del Quijote: cuanto más se equivoca, más genial y valioso es; mientras que cuando claudica (deviene hombre realista, diría Fichte) pierde toda fuerza y gracia. 

En fin, ¡no podemos ser Quijotes todos! Pero la creatividad continua que exige la sociedad del conocimiento y, aún más, en su vertiente artística, filosófica, literaria y humanista… todos tenemos que ser Quijote y extraer así una creatividad que nadie más puede dar. Todos estamos condenados, pues, a ser Quijotes en alguna cosa y de alguna manera. Y todo eso hace muy difícil la existencia.  

Eso también convierte a Hegel en pensador clave, central, germinal... Y repito, La fenomenología es un libro imprescindible. Somos hegelianos en ese aspecto, como en otros aspectos somos kantianos. Cada pequeño átomo que nos da valor de subjetividad particular, personal, sinceridad, autenticidad, expresividad del propio ser…; cada pequeño átomo que ganamos de eso, –por contrapartida- también nos hace dificilísima la tarea del vivir.  

Antes la tarea del vivir era fácil ¡si podías sobrevivir! Hoy con simplemente sobrevivir, no tenemos ya nada, no nos sirve para nada. La tarea del vivir se ha hecho complicadísima, complicadísima. ¡Somos hegelianos y modernos!

No comments:

Post a Comment