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May 8, 2016

ESCISIONES Y "SITUACIÓN" NO ES UN "OBJETO ARTÍSTICO"


En 1952 y de resultas de la polémica sobre la “situación” creada contra Chaplin, la Internacional Letrista (IL) se ha liberado del influjo de Isou y le ha dado al concepto “situación” un nuevo sentido más político. Ahora bien, todavía piensa la “situación” dentro del marco de las vanguardias artísticas y aún “quiere fundarse sobre la objetividad de una producción artística.” (MAYOS, 2013: 59) Es decir, la “situación” está pensada todavía en la línea de Hurlements y en relación con algún tipo de “objeto artístico” (por ejemplo: un film). 

Precisamente esta cuestión será clave para la posterior escisión en 1962 de la Internacional Situacionista. Pues aquellos situacionistas que evolucionaban privilegiando el enfoque más teórico-revolucionario se sentían progresivamente incómodos con aquellos que se mantenían muy vinculados al enfoque artístico-vanguardista (también muy presente en la IS). Sospechan que los artistas –por vanguardistas que fueran- no pueden superar la perspectiva creadora (productora) de objetos, por mucho que sean innovadores, geniales y subversivos. Es decir los acusan de no apartarse demasiado de lo que la IS criticaba a los surrealistas: producir (y mercantilizar) objetos espectaculares para el placentero escándalo de la élite que podía comprarlos.

Ciertamente si necesariamente debe vincularse a un objeto artístico, es casi inevitable que la “situación” resulte desvirtuada, pierda su naturaleza revolucionaria y el objeto resultante termine siendo comercializado y absorbido por la “sociedad del espectáculo”. Es decir, la “situación” queda anclada a la objetivación, materialización u objetualización del mundo del arte. Pues por revolucionario y subversivo que éste sea (pensemos en los “ready made” de Duchamp), siempre apunta a definir un objeto artístico nuevo y concreto. Entonces, cuando la sociedad se ha acostumbrado a dicho objeto, éste pierde su capacidad de subversión y deviene simplemente una valiosa mercancía artística.


Por eso, bajo la escisión de 1962 de la IS, subyace la idea de los teórico-revolucionarios de que sus compañeros más artistas-vanguardistas permanecen peligrosamente vinculados a una perspectiva “objetual”, fácilmente colonizable por el mercado del arte y la sociedad del espectáculo. Cierta e inevitablemente, incluso los artistas situacionistas más vanguardistas y subversivos del momento (como Jorn) terminan concibiéndose como “artífices”.


Aunque pretendan colaborar en la “muerte del arte”, se proponen hacerlo creando con su acción “obras” con realidad material, concreta, objetual, “artística” y, por tanto, apropiable. Aunque su propósito sea subversivo o destruir el arte, ello (como su genio artístico) se “plasma” en objetos antes inexistentes y que el mercado del arte incorpora al flujo general de mercancías e –incluso- a “la sociedad del espectáculo” en forma de un flujo de imágenes más o menos alienantes.


Por contra, los situacionistas más teórico-políticos piensan su actividad revolucionaria de manera puramente negativa y destructora, ¡no productora!, buscando imposibilitar toda reabsorción por el mercado y el espectáculo. Se niegan a dejar un rastro de “nuevos” objetos puestos en venta; aunque en su momento fueron muy subversivos -o precisamente por ello-. También se niegan a cargar con la “fama”, la “marca artística” e, incluso, los grandes beneficios con que los mercados terminan recompensado al artista (o a sus herederos). 

Se niegan a pasar a la “historia del arte” y prefieren desaparecer anónimamente detrás de la revolución. Por ello afirman que los situacionistas deben ser los catalizadores de las necesidades de la población -que es la que hará la revolución- y, cuando la gente la haga, se disolverán, desapareciendo como grupo específico y diferenciado. 

Como vemos, la objetualización productiva del arte (incluso en las vanguardias), tiene sobre todo dos enormes limitaciones o peligros. En primer lugar, reducir el sentido de “situación” a la mera producción de arte, entendido como generación de un “objeto artístico”, y por tanto, reduciendo notablemente las posibilidades revolucionarias de una auténtica “situación” política. En segundo lugar, permitir o facilitar que la sociedad del espectáculo se apodere de ese arte y objeto artístico, y lo use para reafirmarse, aunque se haya generado contra ella y sea muy revolucionario.

 
Recordemos que ya en sus inicios, tanto letristas como situacionistas, fueron muy conscientes de que éste ha sido el destino de la práctica totalidad de las obras surrealistas. Pues, si bien en un principio soliviantaron y revolucionaron las mentes, luego simplemente terminaron decorando algún salón burgués, enterrados en algún museo o impulsando fábricas de “espectáculos” tipo Hollywood. 

Incluso los situacionistas más artistas-vanguardistas lamentan que inevitablemente se terminen vendiendo (eso sí a muy buen precio) los “objetos artísticos” por subversivos que fueran. Con ello no sólo se retroalimenta el circuito capitalista y de la sociedad del espectáculo, sino que se hacen más fuertes y protegidos ante la necesaria revolución.


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