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BOOK PUBLICATION http://orcid.org/0000-0001-9017-6816    - Interrelación filosófico-jurídica multinivel. Estudios desde la Intercons...

May 6, 2016

SITUACIONISMO: VANGUARDIA DE LA REVOLUCIÓN


La Internacional Situacionista (IS) es un modelo clave de nuevo movimiento social (NMS). Pues anticipa la mentalidad autoexpresiva actual e inaugura muchas de las estrategias mediáticas más ingeniosas y las reivindicaciones más radicales. Heredera de Dada, Surrealismo y Letrismo, surge en las vanguardias radicales de los años 1950. Quiere renovar o destruir el arte mediante la producción deliberada de “situaciones” con capacidad para transformar revolucionariamente la vida y la sociedad.

Por eso, la IS quedó marcada por el conflictivo y creativo debate entre su miembros más específicamente artísticos y los más politizados. Seguimos la evolución de la IS y su líder Debord desde los inicios en el Letrismo y analizamos la naturaleza e impacto de sus “situaciones”. La participación situacionista en el Mayo del 1968 es esencial y quisieron convertirlo en su “situación” más potente, retroalimentadora y revolucionaria. El “fracaso” del Mayo1968 supuso la disolución de la IS, pero su impacto en los NMS continúa siendo importantísimo. 

Según Debord (1995: 199): “Nuestras únicas acciones políticas, que permanecieron aisladas y breves durante años, fueron concebidas para ser completamente inaceptables: en primer lugar por su forma; más tarde, a medida que adquirieron profundidad, por su contenido. No fueron aceptadas.”


Primavera del 1966, descontentos con las políticas izquierdistas habituales, cinco estudiantes que se autocalifican de radicales son elegidos como representantes del sindicato de alumnos de la prestigiosa Universidad francesa de Estrasburgo. Desean revolucionar la vida estudiantil y arruinar el sindicato, que cuenta con un presupuesto equivalente a 500.000 dólares de la época. Para mejor llevar a cabo tales objetivos, deciden pedir consejo a un grupúsculo que lleva unos años editando una relativamente desconocida y muy crítica revista, se trata de la Internacional Situacionista (IS). 


Reciben una rápida y sorprendente respuesta a tan tentadora propuesta: ¡actúen autónomamente! Pues la IS -a través del situacionista Mustapha Khayati (Revista Internationale Situationniste -en adelante IS-, vol. 3, 2001: 486-493)- se muestra interesada sobre todo por sembrar el mundo de personas autónomas, rechaza de plano tener discípulos” y toda representación o autoridad. Eso sí –con lúcido sarcasmo- la IS reconoce que “subrayamos que el hecho de disponer de dinero y de crédito, era esencialmente lo más aprovechable de la ridícula autoridad que les había sido imprudentemente concedida y que un empleo inconformista de estos recursos ofendería con seguridad a muchos y sacaría a la luz los aspectos inconformistas del contenido.” (IS, vol. 3, 2001: 487)

Libremente pues, pero en íntimo contacto con algunos situacionistas, los estudiantes elegidos organizaron una serie de actividades que culminaban con dos grandes publicaciones. En primer lugar editaron un panfleto muy crítico con las universidades, cuyo largo título nos dice mucho: Sobre la miseria en el medio estudiantil, considerada bajo sus aspectos económico, político, psicológico, sexual y especialmente intelectual y de algunos medios para ponerle remedio. 

Con toda probabilidad, fue redactado por el situacionista Khayati (relacionado estrechamente también con “Nuestros fines y nuestros métodos en el escándalo de Estrasburgo”, en el nº 11 de la IS, octubre 1967) en directo contacto con Guy Debord. Con la financiación del sindicato se llevó a cabo una edición de 10.000 ejemplares en 1967, que pronto de multiplicaron hasta alrededor de los 300.000 con muchas ediciones y traducciones, a veces llevadas a cabo por situacionistas. 

Ese panfleto tendrá enorme influencia en el cercano Mayo del 68, que unos pocos estaban ya convocando, mientras la mayoría de la sociedad y todo el gobierno permanecían indiferentes y como ausentes. En él, con un lenguaje muy atrevido que –como veremos- los situacionistas estaban construyendo desde hacía tiempo, se decía algo que hasta entonces no había transcendido a las universidades. Se denunciaba: “’En una época en que el arte está muerto’, el estudiante es ‘el más ávido consumidor de su cadáver’”. Se expresaban anhelos: “vivir sin tiempos muertos y entregarse a cualquier deseo sin cortapisas”. Se formulaban estrategias: “crear una situación que vaya más allá del punto de no retorno”...

Sobre todo se apuntaba a los jóvenes estudiantes como el nuevo sujeto revolucionario por dos razones primordiales: Precisamente por no estar definidos por el trabajo y la producción (como el obrero o el burgués), y por carecer de toda posesión (mientras –se afirmaba- ellos eran “posesión” de sus padres, por pobres que fueran). De acuerdo con el sentido etimológico de “proletario” (el que sólo posee su prole), se identificaba a los jóvenes como los verdaderos excluidos y desposeídos de su propia vida, pues ésta –se insistía- no tiene lugar propio en una sociedad basada exclusivamente en el trabajo y la producción. No olvidemos que una famosa máxima situacionista llama a “recuperar la vida en un mundo que ha perdido el sentido”.

En segundo lugar, publican un cómic de estilo underground dibujado por el estudiante André Bertrand y titulado “El retorno de la columna Durruti”. Homenajeaba la esforzada tarea del anarquista español. Se le elogiaba porque, a inicios de la guerra civil y al mando de un pequeño número de revolucionarios armados, Durruti recorría pueblos y ciudades destruyendo con gran ímpetu las opresoras estructuras sociales y los agentes antirevolucionarios, con el objetivo hacer posible erigir un nuevo mundo libre y sin opresión. No obstante, el contenido concreto del cómic no era otro que la narración de las ideas y paso a la acción de los cinco representantes del sindicato estudiantil de Estrasburgo.

Claramente, ellos y sus crecientes partidarios se veían a sí mismos como una incipiente pero arrolladora columna revolucionaria que iniciaba su recorrido incendiario: “la crisis general de los viejos aparatos sindicales y de las burocracias izquierdistas se deja sentir por todas partes y principalmente entre los estudiantes, [...] Han puesto su esperanza de renovación en un grupo que no oculta su intención de hundir lo antes y lo mejor posible todo ese militantismo arcaico” (IS, vol. 3, 2001: 487s).

Aunque ciertamente con esas publicaciones, los nuevos “representantes” sindicales no habían hecho nada ilegal y se refugiaban en la libertad de expresión, las autoridades universitarias no estaban dispuestas a tales actividades y discursos. Los cinco estudiantes fueron denunciados judicialmente y, en medio de defensas y acusaciones, pasaron a estar durante semanas expuestos a la picota pública.

El debate se planteaba bajo una estricta dicotomía: esos estudiantes eran ¿ángeles o demonios? ¿Insensatos o ¡por fin! gente capaz de algo realmente desafiante? ¿Su política había sido un ridículo vodevil financiado con el erario público o, más bien, un honesto y radical intento de decir y hacer lo que realmente sienten los estudiantes? ¿Una locura sin sentido; o el único sentido que permitía la locura habitual? ¿Era el necesario punto final a un caos que nunca debería haberse producido; o un paso decidido hacia una revolución que tiene que venir? ¿Eran un mero y lamentable accidente en el medio estudiantil; o un serio aviso de éste proclamando “a quien quisiera escucharlas” las renovadas exigencias y expectativas que lo movilizaban?

Muchos medios periodísticos y grupos estudiantiles se cebaron en su contra, mientras que -en muchas universidades francesas- otros estudiantes se identificaban con ellos, solidarizándose y apoyándolos. Tras semanas de agrias polémicas, el juez dictaminó la disolución del sindicato de estudiantes de la Universidad de Estrasburgo, concluyendo: “estos cinco estudiantes, poco más que adolescentes, que carecen de toda experiencia de la vida real, de mentes confundidas por teorías filosóficas, sociales, políticas y económicas mal digeridas, y aburridos de la gris monotonía de su vida cotidiana, han llevado a cabo el vacío, arrogante y patético intento de dictar sentencia...” (MARCUS, 1993: 445) 

No se puede objetar demasiado a esas duras palabras, pues en cierto sentido son una muy buena descripción de una parte de la realidad: los que ponían en jaque a la sociedad, con todos sus principios y valores, eran apenas unos adolescentes menores de 20 años. Esos autollamados “revolucionarios” no eran rudos obreros condenados a un sucio y alienante trabajo manual. Sus lecturas no podían ser realmente muchas ni eran resultado de ningún programa de adoctrinamiento ideológico.

Aunque también es cierto –por mucho que pueda escandalizar- que incluso desde esa llamémosle “minoría” (edad, conocimientos, asunción de los valores tradicionales...), esos estudiantes se habían atrevido –ni más ni menos- que a superarla recordando la consigna kantiana de casi dos siglos antes: “¡Sapere aude! ¡Ten valor para usar tu propio entendimiento!” KANT (1977: 53) denunciaba la “minoría culpable” causada por “no poder usar el propio entendimiento sin la guía de otro”. Noté el amable lector la insistencia kantiana en el atrevimiento (en el texto “aude” en latín) a ejercer directamente las propias facultades; “¡tu propio entendimiento!” –dice, según traducción de G. Mayos-.

Por otra parte tampoco se equivocaba el juez en que habían superado lo que hasta ese momento era considerado como razonable, llegando a un “arrogante” “intento de dictar sentencia” en contra de la práctica totalidad de la sociedad de su tiempo. Ciertamente eso era algo nuevo en la universidad, pues por entonces apenas salía de algunos reducidos círculos vanguardistas y revolucionarios herederos de Dada y el Surrealismo.

A partir de aquí, se amontonan las cuestiones y la sospecha que una vez más -¡y no sólo ese juez, sino la práctica totalidad de las administraciones, los políticos y los intelectuales!- no supieron ver más allá de lo obvio: “adolescentes”, “carentes de experiencia”, “confundidos”, “aburridos de la gris monotonía”... se han atrevido a “dictar sentencia” social... ¡Pocos meses antes de estallido del Mayo del 68! Hay que reconocer que la acomodada y adormecida sociedad establecida, con sus sesudas instituciones al frente, fue incapaz de ver más allá, detectar los nuevos síntomas y captar lo que se estaba preparando. 

¡Ya no digamos prever! ¡No fue capaz de ver o intuir más allá, de sospechar algo más, de sentir al menos un malestar...! ¡Dudamos incluso que el juez o sus asesores tuvieran el más mínimo conocimiento de las fuentes y problemáticas en que bebieron intelectualmente sus cinco condenados! Lo mas seguro es que: ¡incluso no pudieran ni identificar esa Internacional Situacionista que estaba detrás!

¿Entendieron algo –si llegaron a leerlo- cuando Khayati defendía la acción de Estrasburgo como “modesto intento de crear la praxis mediante la cual precipitar la crisis de la sociedad como conjunto... Se creaba una situación en la que la sociedad era obligada a financiar, dar publicidad y difundir una crítica revolucionaria de sí misma, y además acababa confirmando esa crítica mediante sus reacciones ante ella” (MARCUS 1993: 446). Incluso siendo más incisivos y críticos: ¿Se entiende algo, incluso hoy más de 45 años después? Para profundizar en esa cuestión tenemos que profundizar más en la Internacional Situacionista.

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