Dec 6, 2014

¿DERECHO A LA CIUDAD?


¿Qué es el derecho a la ciudad? ¿Cual es su relación con el resto de los Derechos Humanos? ¿Es un derecho de menor importancia o, en cierto sentido, condición de muchos otros derechos? 
Desde los poblados neolíticos a las sociedades avanzadas, la ciudad es el ámbito social más concreto, compacto y cercano a la vida cotidiana de las personas. Es decir: es el acceso real, próximo y por antonomasia a la civilización, a la ciudadanía, a los derechos civiles y políticos. Pues todos esos términos remiten precisamente al latín “civitas” o al término griego “pólis” que básicamente significaban “ciudad”.

Por eso –desde Henri Lefebvre- el “derecho a la ciudad” se puede identificar con gran parte de los derechos humanos y cívicos más implicados en la vida cotidiana de la gente. Pues la ciudad es el entorno, más o menos inmediato, donde es pensable que todos los ciudadanos interactúen de acuerdo a todas sus facetas humanas: convivenciales, productivas, culturales, educativas, decisiones políticas, etc.

Históricamente en las ciudades, incluso las personas que (se dice) “no tienen poder” suelen tener una mínima agencia propia interactuando entre si y creando relaciones cívicas, redefiniéndolas y transformándolas. Esa mínima agencia personal es efectiva en las ciudades incluso más allá de la representación política.

Ello ya no suele suceder en los Estados y es un aspecto a destacar del entorno ciudadano; y por eso -el sociólogo urbanista Robert Park- consideraba que la ciudad “Es uno de los intentos humanos más consistentes, y a la postre más exitosos, de rehacer el mundo en el que se vive a partir de los propios anhelos más profundos.”


Sin duda, es cierto que el Estado-nación nos determina profundamente, que la turboglobalización lo hace cada día más y que crecientemente interactuamos proyectados en el “ciberespacio” de Internet o las redes sociales telemáticas. Ahora bien, continúa siendo sobre todo en la ciudad, nuestra ciudad, donde puede realizarse civilizadamente la interacción cotidiana que define a la humanidad como especie social.
Por eso es sobre todo en la ciudad (ya sea la gran metrópoli, sus barrios o los pequeños poblados) donde se puede llevar a cabo la acción más o menos directa y sin los filtros, exclusiones, privatizaciones, desempoderamientos… que a veces genera la política profesional representativa.

Prácticamente sólo en la ciudad (tampoco solos ni en artificiales e ingenuas “comunas”) se puede dar esa dualidad mínima de la acción política actual: “piensa global, actúa local”. Podemos glosar esta famosa consigna como: piensa holísta y globalizadamente; empodérate y actúa como ciudadano, en tu ciudad.

Ahora bien y como detecto lúcidamente Henri Lefebvre en 1968 (El derecho a la ciudad), se está pervirtiendo aceleradamente ese ámbito cercano de interacción cotidiana que ha sido la ciudad –incluso bajo los regímenes más autoritarios e injustos-. Muchas veces el problema más grave no era ese autoritarismo, sino –anticipando la idea de pensamiento único- la conversión de la ciudad en mera mercancía, al privatizarla al servicio de los intereses capitalistas y la reducción de la vida cotidiana-ciudadana a los parámetros meramente productivos-consumísticos.
Así Lefrevre anticipó la tendencia creciente a “ciudades sin ciudadanos” y a la mercantilización privada de lo común (que sin duda son hoy problemas mucho más graves que en el 1968). Por eso y cada vez más, se reclama el “derecho a la ciudad”, es decir a recuperar ese ámbito de relación cotidiana y de acción-reconocimiento personal-casidirecto. Así se ha hecho desde –sin ser exhaustivos- el Tratado sobre Urbanización de la “Cumbre de la Tierra” de Río de Janeiro 1992, las Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad (Habitat International Coalition - HIC) -1995- y México 2000) o David Harvey.

Ahora bien, todos sabemos que las ciudades también son lugar de exclusión y que muchas veces constituyen laberintos en los que nos perdemos. Para muchos “su” ciudad es un laberinto ajeno, alienante, desorientador y excluyente. Por eso es necesario empoderar para la ciudad y la política. Pero para esa tarea de empoderamiento político y ciudadano hay que comprender cuando, por qué y para quien la ciudad actual constituye un terrible laberinto.

A veces, cuesta entender las dificultades del empoderamiento ciudadano, en gran parte por un cierto optimismo ingenuo propagado con la mejor buena fe. Se considera que, siendo el hombre naturalmente zoon politikon, por tanto la política y la ciudad son sus ámbitos de vida más espontáneos, naturales e imprescindibles. Entonces se olvidan las muchas dificultades para el empoderamiento ciudadano y que para mucha población la ciudad es un terrible laberinto.
Hable de estas cuestiones -para Polos de Cidadania- en el III Seminário Internacional Cidade e Alteridade y el II Congresso Mineiro de Direito Urbanístico (12-14 novembro UFMG, Bello Horizonte, Minas Gerais, Brasil). Y amablemente ha sido recogido y divulgado por LABIRINT - Laboratório Internacional de Investigação em Transjuridicidade (UFPB, Paraíba, Pernambuco, Brasil).  

De estas cuestiones hay resumenes en castellano en el post CAPITALISMO COGNITIVO: LABERINTO CIUDADANO y en portugués en el post EMPODERAR PARA A PÓS-INDUSTRIALIZAÇÃO y he expuesto la continuación y segunda parte en el post  COGNITIVO-POSTINDUSTRIAL CONTRA FORDISTA-TAYLORISTA y la tercera parte en SOCIEDAD DEL DESEO DIFERIDO HASTA EL COLAPSO.
 

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