Jul 18, 2015

HEGEL: PRIMER FILÓSOFO DEL RECONOCIMIENTO



Después de casi dos siglos de turboglobalización, que lo han cambiado todo, la filosofía de la historia, la historia filosófica y gran parte del núcleo de las politizaciones reivindicativas continúan pensándose y reconstruyéndose especialmente a partir de Hegel y en torno a él. Aún más: reconocimiento y libertad continúan siendo –como en la filosofía de la historia de Hegel- el gran objetivo de individuos, pueblos y de la humanidad entera.

Pues, similarmente a ser por antonomasia el gran filósofo de la historia, Hegel es también y todavía hoy el gran filósofo del reconocimiento. Sólo a partir de él y de su proyecto filosófico-histórico, la dialéctica del reconocimiento se ha evidenciado como algo tan absolutamente esencial, real y constitutivo del ser social y del devenir histórico-humano. Sólo a partir de Hegel, el reconocimiento se ha convertido en la clave máxima de la condición humana.   

Hoy por ejemplo no tiene sentido plantear el debate sobre los derechos humanos sin destacar como su núcleo básico al reconocimiento efectivo de la dignidad de todos los humanos. Tal reconocimiento y tal dignidad humana universales es lo que hace que los derechos humanos tengan un fundamento común a toda la humanidad sin excepción, a pesar de las múltiples e inevitables concretizaciones históricas, sociales, políticas y culturales.
 

Tras la diversidad de los derechos fundamentales reconocidos por las concretas
constituciones y leyes históricas, el reconocimiento de la universal dignidad humana es lo que legitima que efectivamente podamos hablar de “Derechos Humanos” o “derechos de todos y cada uno de los humanos”. Precisamente sólo gracias a la filosofía hegeliana del reconocimiento es hoy posible reconciliar en una dialéctica “en y para sí” inseparable: tanto a la afirmación “en sí” abstracta y unilateral, como a las diversas y múltiples concreciones “para sí” de los “derechos humanos”. 

Sólo así, tras las múltiples y concretas efectuaciones históricas que –como destacaba Hegel- tan fácilmente caen en la alienación y enfrentamiento mutuos, puede surgir el reconocimiento –y el perdón de aquellos conflictos- universal. Sólo así, ese universal reconocimiento puede ser garante de una misma –si bien diversamente efectuada existencial, social e históricamente- dignidad humana. Sólo así, ese reconocimiento universal puede superar la indeterminación abstracta y enriquecerse dialécticamente con la concretización de las distintas generaciones de derechos

Creemos ver la profunda marca de la filosofía hegeliana de la historia y del reconocimiento en las distintas “oleadas” o “generaciones” de derechos que hoy se distinguen habitualmente: Una primera generación se centra en libertades y derechos civiles básicos y formales (p.e. habeas corpus). Una segunda reivindica los derechos igualadores pues atienden a las circunstancias reales de los ciudadanos (p.e. derecho a la educación con independencia de la desigualdad económica). Una tercera politiza los derechos fraternos que reconocen recíprocamente las diversidades individuales o colectivas (p.e. derecho a la diversidad de género u orientación sexual). Finalmente y para algunos (p.e. Peter Singer), se puede incluir una emergente cuarta generación de derechos asimilables a los anteriores (p.e. derechos de las generaciones futuras, a la protección de los animales o al medio ambiente).  

Respecto a esta última generación, hay quien dice que tales derechos de no-humanos, sólo pueden pensarse y legitimarse en la medida que implican a humanos y despiertan el reconocimiento o dignidad de éstos. El propio Hegel podía pensar así pues, en tanto que filósofo de la totalidad, siempre insistía que lo aparentemente no-humano (por ejemplo lo tratado en “la filosofía de la naturaleza”) estaba en unidad dialéctica con lo más explícitamente humano (p.e. lo tratado en “la filosofía del espíritu” o la “filosofía de la historia”). 

Una filosofía sistemática y de la totalidad no podía escindir ni parcelar esa


profunda unidad dialéctica, sino al riesgo de recaer en la limitadora “filosofía representativista” que surge de un entendimiento escindidor e incapaz de elevarse a la holista, reconciliadora y sintética razón. Nótese que en la filosofía hegeliana de la historia, lo natural y animal también forma parte de la “astucia de la razón”, de la “razón en la Historia” y el “espíritu universal o “del mundo como totalidad”.
 
Para Hegel la dialéctica del reconocimiento tiene que ser totalmente universal, sin cortapisas, pues sin reconocer la dignidad del otro (incluso lo aparentemente no humano), tampoco no podemos reconocer la dignidad humana ni ser reconocidos como dignos de ella.


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