Gonçal Mayos PUBLICATIONS

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Sep 23, 2018

MACROFILOSOFÍA DE LA CONSTITUCIÓN BRASILERA: 1988-2018


 
La Constituição de la República Federativa do Brasil o ‘Constituição Cidadã’ nació bajo el signo de grandes conflictos de todo tipo. Su redacción y aprobación se superpuso a acontecimientos aparentemente más “turboglobalizados” y "espectacularizados".

Por ejemplo coincide con el ambivalente contexto del debate postmoderno que nos descubrió una nueva época y, a la vez, actuó de "cortina de humo" que distraía de la creciente imposición del neoliberalismo. Algunos críticos pueden acusarla de ser una constitución ingenuamente postmoderna, pero más bien ha tenido que luchar por efectuarse plenamente en un crecientemente restrictivo contexto neoliberal.

La constitución de 1988 también nació y comenzó a caminar bajo el signo de la “guerra fría” que agonizó con la masacre de Tiananmen, la sorprendente caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS que –contra los pronósticos más habituales- mantuvo en sus silos a los misiles atómicos. Entonces Brasil formó parte significativa de la oleada democratizadora de finales de los 1980 (Samuel Huntington) y del proceso de universalización y efectuación de los derechos humanos que se consolidó a partir de finales de los 1970. 

Además coincidió con el agotamiento del gran ciclo progresista hegemonizado por los valores de libertad (Tarrow, Bauman) que, iniciado al final de la IIGM, va siendo sustituido con otro gran ciclo que prioriza los valores de seguridad y que domina todavía hoy. La mayor parte de la aplicación de la Constitución brasilera de 1988 coincide por tanto con ese cambio a un ciclo conservador que puede explicar muchas de las dificultades que -desde entonces- ha tenido para efectivar sus grandes potencialidades, por ejemplo en los Derechos Humanos. Ciertamente ¡No lo ha tenido fàcil la llamada  ‘Constituição Cidadã’!


Incluso, ha tenido que enfrentar la llamada “era de la austeridad”, aunque Brasil tardó en sufrirla por ser un país-continente con inmensos recursos naturales y demográficos. Brasil tuvo dificultades para adaptarse al cambio productivo y tecnológico del fordismo al postfordismo. Precisamente pocos años después del 1988 constitucional disminuye su hasta entonces impresionante crecimiento económico y, junto con una demografía expansiva, comporta casi la estagflacción de la renta por cápita y crecientes dificultades para construir un verdadero Estado del bienestar

Se termina imponiendo un crecimiento más lento basado en el predominio de las 3 "C" del:
consumo interno,
- el crédito que genera un cierto "dopage" de la economía pero, a la vez, una burbuja que tarde o temprano tiene que estallar y pagarse,
- las "commodities" (minerales, productos cárnicos y lácteos...) que se exportan a veces con poco tratamiento y valor añadido en territorio brasilero.

Precedidos de importantes déficits presupuestarios, en 2015 y 2016 hubo un bajón en el PIB de más del 7% que minó la confianza de la población y las políticas estatales. Ciertamente Brasil no ha sido el único damnificado y por ejemplo cabe recordar episodios parecidos quizás más dramáticos como el “corralito” de una Argentina también muy rica en posibilidades.

Creemos que, quizás sin ser percibidas al principio, las tensiones concomitantes con la llegada de la “austeridad” han tenido su impacto en acontecimientos brasileros todavía no suficientemente analizados como las grandes manifestaciones del 2013, el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, la draconiana Enmenda constitucional del “teto de gastos” impulsada por el gobierno Temer, el traumático procesamiento del expresidente Lula y la escisión social manifestada con la elección del nuevo presidente Bolsonaro.
 
Ciertamente Bolsonaro se ha impuesto en las elecciones del 2018 en una encendida, controvertida y radicalizada segunda vuelta, pero Haddad ha ido recogiendo apoyos más allá de los votantes del Partido de los Trabajadores, ante el miedo por las actitudes violentas de Bolsonaro. Ello ha confirmado la escisión de la sociedad brasilera entre proyectos, alternativas e incluso valores que enfrentan profundamente la población. Por eso el resultado de las elecciones será -casi con toda probabilidad- de difícil aceptación por los sectores perdedores. Será sin duda una dura prueba y la constitución de 1988 debe ser el marco (al menos hasta que se reforme, como se pretende) para iniciar un necesario y posiblemente largo proceso de reconciliación nacional.
 
Actualmente y como corresponde a un mundo turboglobalizado, detrás de los conflictos mencionados (¡incluyendo el incendio de un infrafinanciado Museu Nacional do Brasil!) se nota el impacto global de las desregularizaciones y nuevas políticas neoliberales. También el presente brasilero está profundamente influenciado por las crisis enlazadas de las hipotecas (2007), financiera (2008), de las “deudas soberanas” (que en el 2015 llega a afectar países europeos como Grecia, Portugal o España) y por las restricciones impuestas por la “austeridad”.

Por otra parte está marcado además por la fuerte emergencia de nuevas demandas sociales compartidas globalizadamente. Nos referimos –por ejemplo- al “altermundismo”, a los “indignados”, al 15M, a las “primaveras árabes” o a “Occupy Wall Street”. Si se tiene todo ello en cuenta y aunque muchos brasileros se sientan “perdidos” hoy en su propio “laberinto” nacional, sus angustias, problemas y anhelos son compartidos por gran parte del mundo.

Ahora bien, sin ninguna duda, los retos mencionados han puesto a prueba la vigencia de la ‘Constituição Cidadã’, como se ve claramente en distintos conflictos que marcan el debate político y social brasilero. Podemos mencionar aquí:

1) el llamado "presidencialismo de coalición" que presenta ciertas contradicciones o desquilibrios: 1a) por una parte elige en doble vuelta al presidente y el vicepresidente (que es clave en casos de muerte o impeachment) pero sin garantizarles un apoyo parlamentario mayoritario. 1b) por otra parte, les obliga -una vez elegidos- a buscar los apoyos parlamentarios en una Camara com muchos partidos y muy dividida. En consecuencia subordina la gobernanza gubernamental a complejas alianzas de muchos partidos con legítimos pero diversos intereses políticos.

Recordemos que el Tribunal Constitucional sancionó positivamente la ausencia de mínimo de voto para que los distintos partidos pudieran acceder al Congreso y Senado. Así se priorizó la representación democrática de la sociedad en la Cámara, impidiendo aplicar posibles mecanismos que facilitasen mayorías parlamentarias operativas. Ello ha aumentado el número de partidos de unos 30 en 1990 a unos 40 el 2018. Es algo clave para el "presidencialismo de coalición", conjuntamente con la existencia de otros mecanismos que dificultan la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo para disolver la Cámara o para controlar la Presidencia del gobierno.

2) la judialización de la política (como hoy en España) y muy específicamente el llamado "ativismo judicial" que otorga gran autonomía y discrecionalidad al poder judicial. La negociación y debate políticos se han reducido dando -en cambio- gran libertad de acción a los jueces. Ciertamente muchos de ellos intentan efectivar tareas y derechos fundamentales recogidos en la Constitución de 1988, satisfaciendo las aspiraciones de agentes sociales (entre otros de los nuevos movimentos sociales).

Ahora bien, en contrapartida, ha distorsionado la acción propiamente política, limitado la plena "trazabilidad" del curso de los procesos judiciales y amenazado algunas garantías para las personas. Quizás hay aquí la anticipación brasilera de tendencias -bastante generales ya- hacia nuevos ejercicios de "poder constituyente" y no sólo "constituido" por parte de la población y las instituciones.

Quizás en el futuro pueda surgir una nueva gobernanza no solo dominada por la dialéctica verticalista up-down sino mucho más horizontal. Debería equilibrar mejor las mencionadas ventajas e inconvenientes del empoderamiento ciudadano, las posibilidades de la democracia digital y la aparición de nuevas agendas (en parte inevitablemente "constituyentes") por parte de los distintos poderes. Notemos que la Unión Europea -que en 2018 carece de una auténtica constitución- también está construyéndose democráticamente en muchos aspectos con ejercicios parecidos de "poder constituyente".

También la creciente efectivación global de los derechos humanos se está beneficiando del empoderamiento de la población y la opinión pública internacional, que presiona "constituyentemente" en tal dirección. Una nueva política "por los derechos" y con creciente empoderamiento ciudadano parece estar abriéndose paso en Brasil y gran parte del mundo. Si bien también es cierto que choca con reacciones autoritarias (con las que seguramente se retroalimenta) o con judicializaciones de la propia posición ideológica como puede verse p.e. en algunos jueces españoles. También aquí Brasil parece anticiparse en los conflictos surgidos por los crecientes activismos sociales.

Por otra parte, la constitución federativa brasilera es muy sólida y avanzada en derechos civiles y en la justicia material que reconoce el “derecho a tener derechos” a minorías sociales tradicionalmente excluidas o subalternizadas. Pero también ha sufrido fuertes tensiones internas tanto frente a la corrupción (Petrobras, Lava jato…) como en relación al mencionado “ativismo judicial”.

Ello no es extraño pues solo indirectamente había sido pensada y desarrollada para hacer frente a todos esos problemas que emergen de un Brasil muy complejo y sometido a  urgencias de modernización a veces contradictorias. Chocan fácilmente las distintas estrategias políticas y sociales para incorporar plenamente el Brasil en el contexto internacional y de los BRICS. Brasil vive escindido y oscilando -a veces sin la necesaria coherencia a largo plazo- entre dos grandes tendencias: a) a un desarrollo autarquico y proteccionista que apuesta sobre todo por su gran riqueza de recursos naturales y b) a una obertura internacional comercial, productiva y tecnológica, como manera de no quedar aislado y sacar mejor provecho de los grandes potenciales brasileros. 

Recordemos que la ‘Constituição Cidadã’ fue el retorno –esperemos que definitivo- a la democracia después de un golpe y dictadura militar, similarmente a como sucedió en España o Portugal. Como allí, también nació bajo la inevitable vigilancia conservadora, del ejército y poderes fácticos que obligó sin duda a complejos equilibrios. 

Ahora bien, mostró una capacidad –envidiable por países menos afortunados- de enmarcar y proteger quizás la época de más crecimiento y desarrollo humano del Brasil, a pesar de los retos planteados por el subdesarrollo de muchas zonas brasileras, la rápida expansión demográfica y las imperiosas necesidades de empoderamiento cultural y ciudadano. La Constitución ha sido clave para la construcción del pueblo brasilero y ha colaborado decisivamente -creo- en su actual cohesión, más allá de la aparición de las actuales y muy inquietantes tensiones internes.

A pesar que similares contradicciones se extienden poderosamente por todo el mundo creo que, en los últimos cinco años, el Brasil se ha sorprendido y angustiado especialmente al descubrir una profunda dualidad y escisión en su proyecto modernizador. Como veremos, la sociedad y la política están "desconcertados" y ello da mayor importancia a la ‘Constituição Cidadã’ como marco jurídico básico y común que debe curar y pacificar conflictos hoy bastante encrespados. Aquí el marco e institucionalización jurídicos se manifiestan a la vez muy importantes y decisivos, pero no suficientes para el progreso brasilero.

En primer lugar, los desesperos que hoy viven los brasileños –comprensibles y nada menospreciables- no deben obviar el servicio que les ha brindado la ‘Constituição Cidadã’ en los últimos 30 años. Incluso más allá de los términos humanos, es ya una constitución con plena y consolidada “mayoría de edad”, con aspiraciones en el profundo sentido kantiano del “sapere aude!” ilustrado, que no es demasiado lejano del lema positivista de la bandera brasilera: “Ordem e Progresso”.

Una constitución -nos recuerda Immanuel Kant— es fuente clave de civilización para un país y su población. Es condición de posibilidad del progreso material y del empoderamiento cultural de sus gentes. Ahora bien y por otra parte, actualmente Acemoglu y Robinson constatan que, siendo un elemento clave, ¡no es el único ni suficiente por sí mismo! de esa necesaria institucionalización que previene y evita las “elites extractivas” que terminan provocando la “pobreza de las naciones”.

Pues como Kant ya avisaba, se requiere necesariamente la intensa vigilancia democrática de un pueblo muy celoso de sus libertades. Porque sin el activismo ciudadano y una potente “philia” social, la mejor constitución termina siendo “papel mojado” y las instituciones mejor planteadas devienen impotentes.
 
Por si sola la ‘Constituição Cidadã’ solo puede marcar el “nomos” y las mínimas reglas de juego para que los brasileros ejerzan la libertad y la democracia. Juntos en el marco de la constitución de 1988, tienen el difícil reto de mantener la cohesión puesta en tensión por los conflictos que hoy vive el Brasil. También deben ampliar el diálogo y creciente liderazgo brasilero con sus vecinos castellanohablantes, en un momento marcado por “fenómenos-inter” que impulsan una mayor integración de la América del Sur.

Además tienen que mantener el espíritu social del Estado brasilero, los valores fundamentales y humanos que inspiraron la constitución, en un momento de creciente predominio internacional de la Lex mercatoria, el llamado Consenso de Washington y la dura competencia neoliberal  en una turboglobalización desregularizada.

Incluso bajo las crecientes dificultades, Brasil debe continuar siendo –a mi modesto juicio- el líder en los valores sociales y humanos entre los grandes países emergentes, el que –a pesar de las enormes dificultades- vele más eficazmente por el bienestar y los derechos de su población. China y Rusia priorizan otros objetivos, incluso India y Sudáfrica –herederas respectivamente ni más ni menos que de Gandhi y Mandela- pagan aún sus dificultades recientes para poder ejercer plenamente ese liderazgo que –creo- que puede inspirar todavía la ‘Constituição Cidadã’ brasilera.

Pero no será fácil, pues todo indica que la humanidad entera encara una larga era de crisis, austeridad, precariedad y “fin del trabajo” masivo (Rifkin) por el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial (que llegarán plenamente al Brasil más bien pronto que tarde).


Por eso Brasil y su ‘Constituição Cidadã’ encaran quizás su principal reto en la actualidad: equilibrar educativa, cultural y empoderativamente toda su población. Evitar la escisión entre un Brasil rico, avanzado y muy culto (equiparable a cualquier “potencia” mundial) y otro Brasil precarizado, vulneralizado  e –incluso muchas veces- olvidado por aquel primero. Ambos deben encontrarse, actualizarse y reforzarse mutuamente desde su ser, su tradición, sus virtudes propias y sus anhelos específicos.



En este marco de conflictos pero también esperanzas y posibilidades abiertas, hay que integrar el libro Direito, História e Política nos 30 anos da Constituição: experiências e reflexões sobre o constitucionalismo brasileiro organizado por los profesores Saulo de Oliveira Pinto Coelho, Ricardo Martins Spindola Diniz y Diva Julia Safe Coelho. Forma parte de los diez volúmenes (unas 2.500 pàginas en total) de la ambiciosa “Coleção Experiência Jurídica nos30 anos da Constituição Brasileira” que se acaba de publicar y es acesible grauitamente, editada por ESA/OAB-GO y PPGDP-UFG, y coordenada por Rafael Lara Martins y Saulo Pinto Coelho.
 
Tanto el libro concreto (que es el décimo y último) como el mencionado magno proyecto editorial que quiere celebrar críticamente los 30 años de la Constitución Federativa del Brasil, son una buena muestra del debate de alcance mundial que se ha abierto en un país tan importante (pues no en vano es miembro fundador de los BRICS). En una tesitura global tan compleja como la actual, plantea la necesidad de actualizar la práctica totalidad de los análisis políticos, sociales, constitucionales, culturales e ideológicos de las tres décadas transcurridas desde la aprobación de la Constitución de 1988.

Deberemos estudiar detalladamente esos complejos 10 volúmenes pues seguramente todavía nos falta hoy la distancia crítica y las macroteorizaciones que estructuren mínimamente las coordenadas de nuestra época en acelerada “destrucción creativa” y que, según parece, abre una profunda disrupción que nos obliga a repensarla con mucha atención y creatividad.

Por todo ello, estamos actualmente ante lo que llamamos una “política del desconcierto” tanto porque se ha roto el “concierto” mental y cosmovisional que dificultosamente habíamos construido en los últimos 30 años, como porque eso nos aboca a una preocupante desorientación y anomía político-social. Ello nos obliga a valorar y potenciar los marcos estructurantes que mantienen significativos lazos en el nomos, en las instituciones y en la vida de la gente. 

Brasil tiene sin ninguna duda uno de esos marcos estructurantes básicos en la actual Constitución. Treinta años después, nada impide mejorarla y enmendarla si bien -desde una distancia amistosamente preocupada- la ‘Constituição Cidadã’ se ve como uno de los mejores marcos “concertantes” en el mundo.¡Pero hay que “explotar” todas sus potencialidades para que -30 años después- pueda rendir todavía grandes servicios al Brasil y a los brasileros! Y aquí tenemos muchas importantes reflexiones para avanzar en esa tan necesaria dirección.

A partir de "Contextualización macrofilosófica de la ‘Constituição Cidadã’" prefacio de G. Mayos (pp. 29-33) en DIREITO, HISTÓRIA E POLÍTICA NOS 30 ANOS DA CONSTITUIÇÃO: EXPERIÊNCIA E REFLEXÕES SOBRE O CONTEXTO CONSTITUCIONAL BRASILEIRO (Coleção Experiência Jurídica nos 30 anos da Constituição Brasileira, ESA/OAB-GO e PPGDP-UFG, 2018). Coordenadores: Rafael Lara Martins e Saulo Pinto Coelho. 

 
 

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