Las crisis neoliberales del siglo XXI han convertido en obsoleto el
“concierto” económico, social, político y cosmovisional que
dificultosamente se había construido en los últimos 30 años.
Al gran eje de la política tradicional basado en la mayor o menor redistribución económica que enlazaba con la distinción “de clase” izquierda-derecha, se le sumó el eje de mayor o menor reconocimiento e inclusión de cuestiones ecológicas; de las diferencias de género, étnicas, raciales y culturales; y de las distintas minorías sociales.
Pero ambos ejes se han mostrado poco eficaces para estructurar ideológicamente a los nuevos populismos que hacen gala de no ser “ni de derechas ni de izquierdas”, además de atacar violentamente muchos de los consensos sociales alcanzados trabajosamente sobre el cambio climático, la ecología, los géneros, los colectivos LGT, las minorías, las políticas positivas, etc.
Al gran eje de la política tradicional basado en la mayor o menor redistribución económica que enlazaba con la distinción “de clase” izquierda-derecha, se le sumó el eje de mayor o menor reconocimiento e inclusión de cuestiones ecológicas; de las diferencias de género, étnicas, raciales y culturales; y de las distintas minorías sociales.
Pero ambos ejes se han mostrado poco eficaces para estructurar ideológicamente a los nuevos populismos que hacen gala de no ser “ni de derechas ni de izquierdas”, además de atacar violentamente muchos de los consensos sociales alcanzados trabajosamente sobre el cambio climático, la ecología, los géneros, los colectivos LGT, las minorías, las políticas positivas, etc.




