Sin duda hoy nos domina una
acelerada turboglobalización cada vez más impactante en todos los aspectos de
la vida cotidiana. Por eso incluso el terrorismo ha devenido “global” y marca
nuestras vidas en una angustiosa “extimidad” (un pretendido simulacro de
intimidad fácilmente publicitado hasta el infinito).
Sintetizando algunos momentos clave, podemos recordar que la brutalidad del 11 de septiembre del 2001, fue sólo el inicio. Como en los peores momentos de la “Guerra fría” se entró en una dialéctica de acción-reacción en una clara dinámica turboglobalizada. Ya no se producía en la oscuridad de los antros e intercambios de espías (p.e. la Viena de El tercer hombre), sino en la muy tramposa “extimidad” de los medios globales de comunicación.
El choque de civilizaciones de Huntington pervive en el “terrorismo global” alimentándose tanto de la “sociedad del simulacro” de Baudrillard como de la “pantalla global” de Lipovetsky. El viejo “ajedrez bipolar” ha sido sustituido por un mucho más complejo “tablero” geopolítico y mediático, donde todo el mundo compite por poder, armas, petróleo, dinero, visibilidad y por imponer su propio discurso al de los demás.
En él las grandes cadenas “de noticias” son tanto más importantes que las divisiones, los drones y mucho más que –tristemente- las pérdidas humanas de cada bando. Con muchas otras agencias, la CNN compite con Al Jazira y, todas, intervienen con voluntad hegemónica en la cada vez más omnipresente Internet y las nuevas redes sociales.
Sintetizando algunos momentos clave, podemos recordar que la brutalidad del 11 de septiembre del 2001, fue sólo el inicio. Como en los peores momentos de la “Guerra fría” se entró en una dialéctica de acción-reacción en una clara dinámica turboglobalizada. Ya no se producía en la oscuridad de los antros e intercambios de espías (p.e. la Viena de El tercer hombre), sino en la muy tramposa “extimidad” de los medios globales de comunicación.
El choque de civilizaciones de Huntington pervive en el “terrorismo global” alimentándose tanto de la “sociedad del simulacro” de Baudrillard como de la “pantalla global” de Lipovetsky. El viejo “ajedrez bipolar” ha sido sustituido por un mucho más complejo “tablero” geopolítico y mediático, donde todo el mundo compite por poder, armas, petróleo, dinero, visibilidad y por imponer su propio discurso al de los demás.
En él las grandes cadenas “de noticias” son tanto más importantes que las divisiones, los drones y mucho más que –tristemente- las pérdidas humanas de cada bando. Con muchas otras agencias, la CNN compite con Al Jazira y, todas, intervienen con voluntad hegemónica en la cada vez más omnipresente Internet y las nuevas redes sociales.

