Ciertamente los populismos dicen respetar el principio democrático del mandato popular e insisten en ello destacando sus tasas de voto. Pero también se muestran muchísimo más explícitamente críticos con los mecanismos liberales de frenos y balanzas, pues dificultan sus políticas a la vez constituyentes y destituyentes.
Ello es especialmente sorprendente en populismos de derecha que como el húngaro de Víctor Orbán que defienden la ortodoxia neoliberal en cuestiones económicas, pero se manifiestan explícitamente “iliberales” en el desmontaje de los contrapesos entre poderes. Aquí optan por instituir políticas autoritarias que ponen en peligro los derechos civiles básicos y la separación de poderes. Incluso no dudan en aliarse con movimientos claramente de ultraderecha para llevar a cabo políticas destituyentes de los mecanismos clásicos liberales.
Ello es especialmente sorprendente en populismos de derecha que como el húngaro de Víctor Orbán que defienden la ortodoxia neoliberal en cuestiones económicas, pero se manifiestan explícitamente “iliberales” en el desmontaje de los contrapesos entre poderes. Aquí optan por instituir políticas autoritarias que ponen en peligro los derechos civiles básicos y la separación de poderes. Incluso no dudan en aliarse con movimientos claramente de ultraderecha para llevar a cabo políticas destituyentes de los mecanismos clásicos liberales.









