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Aug 14, 2015

CRÍTICA DEL DERECHO


Las leyes, el derecho y el sistema judicial expresan el nomos que rige a la sociedad, a sus instituciones y a todos los individuos. Su función es estructurar con justicia la vida social y establecer adecuadamente lo legal, lo permitido y lo protegido jurídicamente, a la vez que lo ilegal, lo prohibido y lo criminal.

Evidentemente es importantísima la función del poder judicial, hasta el punto que -como enfatizó Montesquieu- debe equilibrarse perfectamente con los otros dos grandes poderes (ejecutivo y legislativo) de todo Estado de derecho, el ejercicio de los cuales debe vigilar estrechamente.

Tan importante es la función social del poder judicial que goza de especial protección, autoridad e incluso cláusulas de invulnerabilidad al igual que sus ejecutores: jueces, fiscales, etc. Ahora bien, ello no significa -sino todo lo contrario- que el derecho esté por encima de la crítica argumentada. Pues, precisamente porque explicita el nomos que rige y estructura la vida social y que la ciudadanía se ha atorgado libremente, debe ser sometido a crítica completa, profunda y reiterada a la luz de las nuevas problemáticas y la evolución del nomos social.

Solo así, el derecho y todo el complejo poder judicial mantienen plenamente su legitimidad, el reconocimiento de la ciudadanía, la autoridad sobre ésta y su vital adaptabilidad a las circunstancias siempre cambiantes. La crítica razonada los revitaliza y actualiza, mientras paralelamente garantiza su penetración en la sociedad y su reconocimiento por parte de ésta. Por tanto, el justo ejercicio del poder judicial es inseparable de su crítica argumentada. Por eso, además de la correcta formación de los futuros servidores judiciales..., la teoría crítica del derecho es una importantísima disciplina jurídica y -además- una erramienta clave de la justicia social y de una democracia de alta calidad.

Dec 3, 2014

AUTENTICIDAD, HIPERBIEN

¡Qué atrevimiento y qué provocación constituye querer ser auténtico! ¡En qué barbaridad y en qué tortura puede convertirse: el tener que ser auténtico… siempre! Por otra parte ¿la autenticidad se ha convertido en un hiperbien? ¿Sería ello una bendición o más bien un tormento?

Hace unas pocas décadas, las pretensiones de autenticidad eran algo ridículo y snob. ¡Aún más, eran sobre todo un lujo que sólo los muy ricos y los privilegiados podían permitirse! Para todos los demás, ser “auténtico” solía ser el camino más rápido para la perdición y para que sobre uno cayeran los peores males, represiones y vilipendios de la sociedad.

En tal caso y con sospechosa unanimidad, la sociedad establecida reaccionaba con violencia y menosprecio a toda autenticidad y –por supuesto- en contra el pretendido individuo “auténtico”. “¡Cómo se atreve!” venían a exclamarse los bien pensantes y los que permanecían obedientemente en “su sitio”.

En cambio -hay que reconocerlo-, actualmente y por estos pagos post-post-modernos, suele ser bien visto aparentar un cierto nivel de autenticidad. Evidentemente las cosas solo han cambiado de verdad, para aquel que sabe negociar “su autenticidad” sin chocar demasiado con el establishment.

Pues entonces la gente lo mira con arrobamiento y exclaman con adoración: ¡es un artista, un genio, un espíritu libre! “¡Un alma bella –como dijo Hegel-!” cita con gran contento el aprendiz de filósofo, sin saber el sarcasmo y cruel ironía con que Hegel trata esa figura de la conciencia.