A
partir del 2007, los
efectos de las crisis económicas enlazadas (hipotecaria, financiera,
deudas soberanas…) han castigado duramente muchas capas de la población
mundial. Eso provoca su desespero y que se sientan olvidadas por el
sistema de partidos, por las instituciones estatales e –incluso- por el
concierto teórico y de gobernanza hegemónico desde el final de la Guerra Fría.
Pues se han mostrado en general fríamente
indiferentes, ineficaces e incluso aquiescentes frente a tales crisis. Han
aceptado políticas injustas que colectivizan las pérdidas, privatizan los
beneficios, desmontan el Estado del bienestar e imponen una larga era de
austeridad.
Por ello, crecieron radicalismos tanto de derechas como de izquierdas y aparecieron “políticas del desconcierto”. Las llamamos así porque:








