“La felicidad es una idea nueva en Europa.” Louis Antoine Saint-Just a la Convención 3-3-1794 y Debord en Hurlements en faveur de Sade, 1952.
Nadie pensó que los “pequeños” conflictos y difuso malestar
social antecedentes al Mayo1968 constituyeran ningún caldo de cultivo revolucionario. Pero sí lo
pensaban así los situacionistas que, a diferencia de otros movimientos
revolucionarios, no querían sustituir en su acción a las masas, ni tan siquiera
liderarlas como un rebaño.
Más bien se pensaban a sí mismos como enzimas
catalizadoras al servicio de un proceso que iba mucho más allá de ellos y al
que servían “desde abajo” pero con gran eficacia. Por eso en 1969 y todavía pensando
en la continuidad del proceso revolucionario del Mayo, proclaman “no debemos
‘capitalizar’ esta victoria [...] toda organización avanzada que sea coherente
ha de perderse en la sociedad revolucionaria” (MAYOS, 2013: 347).




