Al igual que la “muerte de Dios” popularizada por
el filósofo Friedrich Nietzsche es una metáfora sugestiva pero que no ha de
tomarse al pie de la letra, también lo es la “revancha de dios”, famosa a
partir del libro homónimo del politólogo Gilles Kepel.
De hecho, ambas metáforas tienen más que ver con los humanos que propiamente con la divinidad. Como decía Nietzsche, es la humanidad -en un momento de su desarrollo histórico- la que ha “matado” o ha dejado morir en sí misma la religiosidad y la presencia de Dios.
Las dos metáforas remiten a complejos procesos sociales de larga duración y no a ningún presunto acontecimiento más o menos puntual. Por ello, tanto en un caso como en otro, es muy difícil destacar a un único “protagonista” o incluso a unos pocos. No obstante, ambas remiten a momentos históricos concretos donde –con cierto escándalo y sorpresa- se tomó consciencia de que, incluso en cosas tan universales y constantes en la humanidad como es el espíritu religioso, se constatan cambios disruptivos muy profundos.
De hecho, ambas metáforas tienen más que ver con los humanos que propiamente con la divinidad. Como decía Nietzsche, es la humanidad -en un momento de su desarrollo histórico- la que ha “matado” o ha dejado morir en sí misma la religiosidad y la presencia de Dios.
Las dos metáforas remiten a complejos procesos sociales de larga duración y no a ningún presunto acontecimiento más o menos puntual. Por ello, tanto en un caso como en otro, es muy difícil destacar a un único “protagonista” o incluso a unos pocos. No obstante, ambas remiten a momentos históricos concretos donde –con cierto escándalo y sorpresa- se tomó consciencia de que, incluso en cosas tan universales y constantes en la humanidad como es el espíritu religioso, se constatan cambios disruptivos muy profundos.





