Intentemos pensar ahora la idea inquietante de que la sabiduría técnica pueda radicarse y continuar evolucionando fuera del receptáculo de carbono que son los humanos.
Como apuntó Stiegler (2016), es una característica eterna de
la tecnología el hecho que siempre se exterioriza y objetiva en creaciones materiales
(por ejemplo: hachas de piedra o ordenadores cuánticos). Y –por eso mismo- la humanidad está obligada
a reapropiarse cognitivamente lo técnico y redescubrir qué es y para qué sirve un hacha de piedra o un ordenador cuántico. En esa dialéctica la humanidad certifica que eran artefactos que no forman parte “natural” de la condición humana, entiende por qué otros los han creado e innova nuevas aplicaciones o desarrollos a partir de ellos.



