¿Tenemos que resignarnos al dolor, al miedo, a la desconfianza, a la angustia, a la frustración, a la culpa, al stress y a la depresión?
¿Estamos condenados a perder autoestima, a caer bajo el resentimiento, a culpabilizarnos de cualquier avatar negativo que se cierne sobre nosotros y a cargar con las pesadas vibraciones tóxicas de muchos que nos rodean, sin poder librarnos de todo ello?
¡Pues claro que no! ¡Toda esa aplastante negatividad no es sino una gran oportunidad! Y el gran amigo Jordi Planes muestra como esas esclavitudes crecen opresivamente porque las dejamos apoderarse de nosotros mismos. En cambio, florecemos y nos volvemos resilientes, si las vaciamos, desempoderamos y aprovechamos la ocasión que nos brinda su derrota.

