"Hay que ver en el capitalismo una religión. Es
decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas
preocupaciones, penas e inquietudes a las que daban antiguamente respuesta las
denominadas religiones. La comprobación de esta estructura religiosa del
capitalismo, no sólo como forma condicionada religiosamente (como pensaba
Weber), sino como fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy ante el
abismo de una polémica universal que carece de medida.
[Y es que] no nos es
posible describir la red en la que nos encontramos. Sin embargo, será algo
apreciable en el futuro. No obstante, son reconocibles tres rasgos de esa
estructura religiosa del capitalismo en el presente. Primero, el capitalismo es
una pura religión de culto, quizás la más extrema que haya existido jamás. En
el capitalismo todo tiene significado sólo en relación inmediata con el culto.
No conoce ninguna dogmática especial, ninguna teología.
