2.2) Antecedentes del reconocimiento en la
modernidad y la colonialidad
Superponiéndose a los procesos apuntados con la communitas -pero más bien con posterioridad-, algo parecido sucedió con el eje del reconocimiento. Sin querer ser exhaustivos, nos referimos a procesos de larga duración y amplio impacto como: 1) la destrucción de las epistemes femeninas premodernas que subsistían, es el caso por ejemplo de la violentísima persecución de las brujas y sus saberes; 2) la racialización forzada y excluyente de amplísimas capas de la población: desde la expulsión de judíos y moriscos en la Península Ibérica, la persecución inquisitorial de los ‘conversos’ y la discriminación por ‘pureza de sangre’ (Delacampagne, 2000).
Y
también es el caso por supuesto de 3) la esclavización violenta de millones de
africanos (facilitando la gran acumulación capitalista con el muy ‘rentable
tráfico’) y de indígenas americanos para trabajar forzadamente en las minas,
las encomiendas, las plantacions, los ingenios, etc. etc. coloniales. Como se
ve en los brutales procesos mencionados, los bárbaros conflictos,
discriminaciones y exclusiones por falta de reconocimiento son muy antíguos.
Así la rebelión de esclavos contra Roma liderada por Espartaco no era tan solo
una lucha por mejores condiciones económicas de vida (recordemos que los gladiadores
podían gozar de ciertos privilegios temporales) sinó para conseguir derechos
civiles y de reconocimiento ciudadano básicos: a la vida, a la libertad, a la
circulación, a tener una família, a no ser explotados forzadamente ni coaccionados,
a disponer de la propia fuerza de trabajo...
Aunque
ya Hegel puede ser considerado como un auténtico y consciente ‘filósofo del
reconocimiento’ (Mayos 2015) y de ahí su decisiva influencia en Axel Honneth
(2009 y 1997), la urgencia de redistribuir la riqueza social en los siglos XX y
XXI se impuso. Incluso, durante un cierto tiempo, pareció que el reconocimiento
solamente era una reivindicación contracultural de estudiantes mal criados,
utópicos e hijos de clases medias-altas. Eso distorsionó el tratamiento
mediático e incluso historiográfico durante los Mayos1968 y los
posteriores conflictos contraculturales y de movimientos pararevolucionarios
urbanos... Por prejuicios similares, el Mayo francés o el californiano
eclipsaron el mejicano y el argentino, a pesar que estos sufrieron muchas más
víctimas mortales.
Por
tanto, el eje de politizaciones entorno al reconocimiento ha ido aumentando y
consolidándose en las sociedades postfordistas avanzadas, como constatan las
Encuestas Mundiales de Valores (Inglehart 2001; Inglehart y Welzel 2006) en su
trayectoría desde sus inicios en la década de los 1970 en Europa, hasta hoy que
abarcan la práctica totalidad del globo. El reconocimiento también ha dado
lugar a uno de los debates más profundos y fructíferos de las últimas décadas
(Honneth y Fraser, 2006), disputando incluso la primacía al eje hegemónico
durante los últimos siglos: la redistribución.
Ya solo estas breves consideraciones, en absoluto exhaustivas, no lleva a considerar que tanto el eje del reconocimiento como el de la communitas son claves en las democracias de calidad y avanzadas (e incluso, si bien de manera más solapada, en las democracias iliberales y precarias). De ahí la importancia creciente desde hace décadas de los estudios y movimientos subalternos, culturales, decoloniales, indigenistas, de comunidades originarías, en favor de una justícia material, etc.
A partir del artículo 'TRIDIMENSIONALIDAD ACTUAL DE LO POLÍTICO: REDISTRIBUCIÓN, RECONOCIMIENTO Y COMMUNITAS' de Gonçal Mayos (pp. 53-61) en Justicia como Reconocimiento: perspectivas y balances, Arístides Obando Cabezas (Editor científico), 2026, Popayán-Colombia: Samava-Asociacion Iberoamericana de Filosofía Práctica, pp. 9-198). ISBN: Ver los posts: - TRIDIMENSIONALIDAD DE LO POLÍTICO - COMMUNITAS Y SU OLVIDO - RECONOCIMIENTO, MODERNIDAD Y COLONIALIDAD - TRIDIMENSIONALIDAD DE REDISTRIBUCIÓN, RECONOCIMIENTO Y COMMUNITAS
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