3) Conclusiones:
Tridimensionalidad de redistribución, reconocimiento y communitas mientras no
nos reconozcamos como ‘hijos’ de una misma Tierra
Hemos visto como el eje comunitario queda marginado durante la modernidad capitalista y colonial, también como los antecedentes del reconocimiento fueron desplazados también en modernidad por la urgencia de la cuestión redistributiva. Solamente a partir del enorme crecimiento -al menos en Occidente- de los 30 años posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, además vinculados a la consolidación del keynesianismo y del Estado del bienestar, con los Mayos de 1968, nuevas politizaciones feministas, ecológicas y contraculturales, y con la revolución digital postfordista, el eje del reconocimiento ha devenido un referente político consolidado, a pesar de la diversidad de sus reivindicaciones. Quizás un poco más tarde, especialmente en el llamado ‘sur global’ y frente al cansancio por el hiperindividualismo neoliberal, el eje comunitario también se incorporó decididamente.
Así
se añaden al hegemónico eje redistributivo, dando lugar al complejo espacio
‘político’ en tres dimensiones que hoy parece configurar el marco de las
democracias, de los crecientes populismos (Mayos, 2020) e incluso de las
politizaciones en los regímenes iliberales o autoritarios. La complejidad de la
vida colectiva y política de la humanidad no puede estructurarse solo por el eje
de la redistribución (el hegemónico durante gran parte de la modernidad), sino
que también debe tener en cuenta dos dimensiones políticas más: las
determinadas por el eje del reconocimiento (con bases antíguas pero muy
relevante y acrecentado en la actualidad) y por el eje de la communitas (que
era muy antiguo, luego pareció prescindible pero que vuelve como una condición
humana difícil de soslayar).
Ahora
bien hay que evitar confundir la real y necesaria tridimencionalidad que hemos
analizado brevemente con una inevitable confusión u oscurecimiento de ‘lo
político’ (Mouffe, 1999; Schmitt, 1998). Más bien al contrario: la
tridimensionalidad és un antídoto de cualquier reduccionismo de la riqueza de
lo político a simplificaciones o menosprecio ideológicos de unas
reivindicaciones humanas en favor de otras. Pues, siempre, se pierden
importantes aspectos de ‘lo político’, de la realidad, de su conocimiento y
comprensión. En sociedades democráticas avanzadas es la ciudadanía la que
ejerce la soberanía nacional determinando a través de elecciones libres la
prioridad entre las distintas reivindicaciones, las alianzas para alcanzar una
‘mayoría popular’ y la determinación ‘flotante’ de los principales conceptos
políticos (Laclau, 2005).
Pero
es antidemocrática y políticamente contraproducente la determinación dogmática
y con independencia del ejercicio electoral efectivo de la sobiranía popular. Ciertamente
comentando el magnifico artículo presentado en este libro por el profesor Dr.
Delfín Ignacio Grueso, rememoré importantes argumentos para privilegiar por
ejemplo el eje redistributivo. Pero dados la naturaleza muy distinta de los
conflictos políticos actuales y, por tanto, la multiplicidad de
reivindicaciones y politizaciones, parece un error contraproducente priorizar
dogmáticamente un eje por encima de los demás.
Es
cierto que en ciertas situaciones ideales, todo podría ser más sencillo, pero
las democracias avanzadas se caracterizan por la complejidad y pluralismo de
visiones más que no por la simplicidad. Por mucho que queramos, no tienen por
ejemplo la cohesión que Aristóteles destacaba de las mejores (e ideales)
ciudades griegas y no se caracterizan por tener ‘en la philia el cemento de la
pólis’.
Por
eso hoy incluso nos cuesta en tender la profundidad y radicalidad de la noción
griega de philia, que se suele traduir por amistad pero es un vínculo
mucho más profundo, complejo y especialmente fuerte. Nos podemos hacer una idea
si pensamos que actualmente la palabra de uso habitual que conserva la raiz de
ese termino es -ni más ni menos- que la relación filial, paterno-filial. Pues,
distinguiéndose del eros griego, la philia designa un vínculo más fuerte
antropològica y normativamente que la mera amistad. Por eso siempre digo que yo
no soy ‘amigo’ -simplemente- de mi hijo, pues nuestra relación és más
permanente, indeclinable e incluso superior a a un cierto ‘vinculo amical’,
sino muy específicamente ‘filial’ (Honneth, 1997).
Por
eso, en un mundo ideal -que lamentablemente no parece el nuestro- si hubiera
reconocimiento de toda la población sin excepción como hijos de un mismo país,
de una misma tierra-Tierra, de una misma Pachamama, quizás todos los ejes
convergerían y se fusionarían en uno. Por eso la conocida oración reza: ‘Madre
Tierra, enséñanos a amarnos como hermanos y a cuidarte con amor. Pachamama,
Pachamama, venimos a agradecerte todas las riquezas que nos das.” En una
situación ideal, todo culmina con la filiación común de todos lo hijos de
Pachamama, que deben comportarse como hermanos, cuidarla colectivamente y
compartir las riquezas comunes que ofrece esa Madre Tierra.
Como vemos, en tal condición ideal perdería todo sentido discriminar en la redistribución en la riqueza común de una parte de la población en beneficio de otra. Tampoco tendría sentido excluir de lo común, a algunos ‘hijos’ de la communitas y, por tanto, negarles excluyentemente la immunitas que necesitan tener para ser y crecer como plenamente humanos, que los humanos idealmente nos deberíamos ofrecer gratuitamente los unos a los otros. En tal estadio ideal donde todo el mundo sin excepción se reconocen entre sí como hijos de una misma gran Madre, família, communitas, país o tierra-Tierra... en tal situación ideal seguramente no habría distinciones redistributivas y de riqueza, tampoco de reconocimiento incompleto o de exclusión en la communitas. Pues, entonces, todo el mundo sería reconocido como igual -a pesar de las diferencias, como pasa en la verdadera relación filial-, como miembro pleno de la communitas, como beneficiario igualitario de la herencia paterna del país o tierra-Tierra compartidos.
Pero como lamentablemente no parece que siempre estemos en ese escenario ideal, no podemos prescindir de los matices, politizaciones y guías de los tres ejes cuando encaramos los grandes conflictos que vive la humanidad. Por eso y al menos mientras ese ideal no es alcanzado, no debemos prescindir de distinguir, analizar, reflexionar, matizar i reivindicar intergramente los tres ejes mencionados: distribución, reconocimiento y communitas.
A partir del artículo 'TRIDIMENSIONALIDAD ACTUAL DE LO POLÍTICO: REDISTRIBUCIÓN, RECONOCIMIENTO Y COMMUNITAS' de Gonçal Mayos (pp. 53-61) en Justicia como Reconocimiento: perspectivas y balances, Arístides Obando Cabezas (Editor científico), 2026, Popayán-Colombia: Samava-Asociacion Iberoamericana de Filosofía Práctica, pp. 9-198). ISBN: Ver los posts: - TRIDIMENSIONALIDAD DE LO POLÍTICO - COMMUNITAS Y SU OLVIDO - RECONOCIMIENTO, MODERNIDAD Y COLONIALIDAD - TRIDIMENSIONALIDAD DE REDISTRIBUCIÓN, RECONOCIMIENTO Y COMMUNITAS
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Lôbo e Clara Mota (Orgs.), Editora D'Plácido, 2024. Apresentaçâo Luiz
Inácio Lula da Silva. Ver los posts: -POPULISMO
Y DEMOCRACIA, - ¿POLÍTICA
HORIZONTAL O VERTICAL? ¿PLURAL O NO?, - LIDERES
POPULISTAS APROVECHAN CRISIS Y DESCONCIERTO, - POPULISMO:
AGENDA OCULTA Y PODER CONSTITUYENTE, - EMOTIVIDAD
POPULISTA ANTE DESCONCIERTO Y CATÁSTROFE, - NEOLIBERALISMO
Y DESCONCIERTO MARCOS DE POPULISMOS DE CATÁSTROFE
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CONTEMPORANEIDAD DESDE HEGEL, LIBERTAD
Y RECONOCIMIENTO SEPRESUPONEN MUTUAMENTE, ¿HAY
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