Gonçal Mayos PUBLICATIONS

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Mar 9, 2022

ORGULLO HUMANISTA MENOSPRECIA LA NECESIDAD DE HOGAR

 
Hemos evidenciado brevemente la minimización paradojal de la naturaleza social humana y del vital papel que juega en ella el hogar o casa. Quizás por la acrisolada tendencia de la humanidad a distinguirse y distanciarse de otras especies animales, ha construido una imagen de sí misma -como si de un dios griego se tratase- bajo la forma de un individuo masculino desnudo. Así se diferencia de los moluscos que la mayoría seríamos incapaces de identificar sin su concha como a las termitas aisladas de su específico termitero.

Ciertamente son muy habituales las imágenes de humanos caminando por las calles o sentados cómodamente en sus casas, pero en cambio, la simbolización de ‘lo humano’ en su esencia, grandeza casi divina y ‘glamour’ recurre a imágenes humanistas como las esculturas griegas clásicas, el ‘Hombre de Vitruvio’ y la placa en la nave Pioner. Dice mucho del relativo olvido de las esenciales funciones que el hogar juega en la humanidad el hecho que ésta se identifique especialmente con el individuo aislado, masculino, desnudo… y descontextualizado de su hogar e incluso sociedad.

Nos parece algo digno de reflexionar porque da una imagen parcial y equívoca de la humanidad. Si un extraterrestre se creyera esa representación humana -que les es enviada explícitamente como un mensaje de presentación con la Pioner-, nos imaginaría yendo permanentemente desnudos, como individuos solitarios o en parejas heterosexuales (y ella un poco inclinada pasivamente hacia él, que es quien saluda activamente) sin necesitar nada más que nuestra piel. Y nuestra vanidad. Porque todos sabemos que las cosas no son en absoluto así.

La vida humana es muy diferente y esa imagen mítica y simbólica de nosotros mismos es tan grandiosa y maravillosa como falsa. Por eso aquí analizaremos la relevancia del hogar como condición primaria esencial para la vida y el desarrollo pleno de los humanos. Macrofilosóficamente (Mayos, 2021 y 2012), estructuraremos las múltiples funciones que el hogar realiza para el pleno desarrollo individual y colectivo de los humanos. Además de pensar su esencial relevancia, apuntaremos las patologías graves que provoca cuando los humanos carecen de hogar o el que tienen no puede ejercer algunas de las necesarias funciones. 


Pues insistimos: el hogar es el ámbito más propio donde se realiza la vida y la sociabilidad humana, pues enlaza y tiene una profunda dialéctica con los pueblos y ciudades (Dias & Mayos, 2019) ¡incluso la Tierra!, que son también el hogar extendido donde la humanidad existe y se desarrolla como tal. La humanidad es imposible e impensable esos hogares y, por tanto, trataremos de superar prejuicios como los mencionados, pues si son presentes en obras de genios como Leonardo Da Vinci o Carl Sagan (quien pensó y diseñó la placa Pioner) y en la magnífica tradición humanista ¡que no pasará en contextos mucho más banales!

Todos sabemos que, para la publicidad y gran parte de la vida económica, nuestras casa u hogares son simplemente la principal comodidad de la vida humana -en competencia reñida con el coche o los viajes turísticos- y la más valiosa posesión que tendrá jamás la mayoría de la población.

Pero ¿un hogar es tan solo comodidad e inversión? O más bien ¿es para los humanos nosotros algo mucho más parecido a la concha para la ostra y el termitero para las termitas? Evitando esas incómodas comparaciones: ¿el hogar es una necesidad tan básica, decisiva y profunda que sin ella la existencia humana no tiene sentido como tal? ¿Estamos exagerando cuando hablamos así?

Pues bien, el sociobiólogo Edward O. Wilson (1980, 2012) define la humanidad como una especie que necesita ‘nidos’, casas y hogares tanto y tan complejos como las termitas, las hormigas o las abejas. Además, insiste Wilson -uno de los expertos mundiales más importantes en esos insectos himenópteros- en que también los humanos somos una especie social como ellos.


Igual como las abejas necesitan vivir y construirse enjambres, las hormigas sus hormigueros y las termitas sus termiteros, los humanos necesitamos vivir en pueblos y ciudades con casas, calles, talleres, almacenes… y nuestros hogares. Es un tópico definir las ciudades o un edificio populoso como enjambres pues tienen mucho en común. Aunque también hay significativas diferencias, no es ninguna exageración decir que los humanos (como los moluscos y los insectos sociales) solo pueden desarrollar su condición y llevar a cabo una vida humana digna si crean un hogar para sí mismos y que tienen en la sociedad una especie de necesario hogar colectivo.

A veces, estas ideas pueden sorprender porque pensamos todavía bajo el vanidoso símbolo del ‘Hombre de Vitruvio’, pero el hogar humano no es solo una posesión, una inversión, una mercancía o un valor de cambio que se puede comprar o no. Para los humanos, la casa es sobre todo condición de posibilidad de su supervivencia a la vez biológica, psicológica, cultural y política. Por eso, la vida sin hogar nos damnifica en todos esos esenciales niveles del vivir humano.

Digámoslo claro, el habitáculo es un derecho humano (reconocido como fundamental en las constituciones de prácticamente todos los países) porque los humanos son muy débiles individualmente y no pueden desarrollar plenamente su humanidad ni en soledad ni sin hogares. Necesitan sus específicos caparazones, termiteros, casas, ciudades, pólis… y los necesitan ¡mucho más de lo que se atreven a confesarlo!


La casa o moradia es para los humanos la condición de posibilidad del propio mundo vital -Lebenswelt- y de cualquier proyecto de vida, los cuales deben incluir los dos ámbitos definidos por los términos griegos pólis (el hogar público, político y cultural) y el oikos (el hogar íntimo, privado y familiar). Además del Estado o país, de la ciudad o aldea, podemos distinguir también entre la “demeure” -el hogar o llar-, la “habitation” que es un habitáculo que va más allá del cuarto, habitación o cambra (pero que los incluye, como veremos) y “la maison”, la facenda, el mas, la granja o construcciones aún más amplias que hoy incluyen el edificio, el predo o incluso el bairro.  

Por eso Emmanuel Levinas en Totalité et infini: Essai sur l’extériorité (2012) analiza la dialéctica entre los distintos niveles de recogimiento, intimidad, interioridad y extraterritorialidad que necesita la vida humana y que vemos muy bien reflejados integradamente en el neologismo actual ‘extimidad’: síntesis de ‘intimidad’ y ‘exterioridad’. Levinas concluye que el papel primordial de la casa es más condición de posibilidad de la vida propiamente humana que no su fin, su meta o su final; pues la humanidad solo está plenamente en el mundo, cuando puede retirarse a un dominio y hogar propios y privados.

Y es que la casa -para el molusco humano o la termita humana que somos- es condición de vida, de dignidad, de identidad, de empoderamiento y de todo proyecto de futuro tanto individual como colectivo. No es de extrañar, pues, que aparezcan profundas patologías en los individuos y las sociedades cuando falta el hogar o éste no es adecuado en algún aspecto. Vamos a intentar explicar sintéticamente porque aparecen graves daños y patologías cuando no son satisfechas las funciones humanas vinculadas con el hogar.


A partir del artículo Macrofilosofia del hogar, de su falta y de las necesidades humanas” de Gonçal Mayos (pp. 136-159) en A população em situação de rua e a questão da moradia, Daniel Gaio e Ana Paula S. Diniz, (Organizadores). Belo Horizonte: Impresa Universitária da UFMG, 2021, 283 p., Ebook, ISBN: 978-85-7470-054-0. Disponível em: https://www.bu.ufmg.br/imagem/000026/000026ff.pdf.





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