Notemos
que el prólogo o presentación de la película Rashomon se sitúa en el frío y decrépito
templo-puerta japonés, donde se congregan bajo una fuerte lluvia y terriblemente
afectados: un monje y un leñador. Éste se exclama: “no lo entiendo”, “no
entiendo absolutamente nada”. El monje, obstinadamente cabizbajo, afirma que
han presenciado algo muy sorprendente y “horroroso” pues, “después de haberlo
visto, no creo que pueda confiar en nadie más”.
Ello
despierta el interés de un recién llegado que busca refugiarse de la lluvia y
que, significativamente, hace leña con el viejo templo para secarse al fuego.
Se sorprende de esas angustiadas exclamaciones y, con desparpajo y mientras se seca al fuego, inquiere por
ellas, propiciando que le expliquen las versiones del bandolero, la dama y el
samurai sobre lo sucedido en el bosque.

