Gonçal Mayos PUBLICATIONS

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Apr 5, 2023

DEFENSA ORAL DE LA TESIS Y ¡MÁS ALLÁ!


Querido lector y doctorando, si has logrado en tu tesis doctoral: tener una gran idea, desarrollarla de forma suficiente, demostrarla rigorosamente, explicarla con claridad y defenderla por escrito de los miles de malentendidos posibles, todavía te queda una importante tarea: defenderla oralmente ante un tribunal y la mirada escrutadora de otros doctores.

Parece una tarea fácil o menor después de aquellas otras tan árduas, largas y complejas que hemos venido analizando. Pero, no hay que menospreciarla. 

Ciertamente, es verdad que llegados a la defensa oral se han pasado tantos filtros y pruebas que difícilmente la tesis puede ser 'suspendida'. Però la realidad es que, incluso después del 'cum laude', la tesis tan solo ha comenzado a caminar. Pues debe ganarse su espacio en los debates disciplinarios, debe ser leída, comentada, criticada, ampliada y desarrollada colectivamente, ya no sólo por su inicial formulador, sino por la comunidad de los estudiosos o expertos en laas cuestiones que trata. 

Los doctorados son investigaciones de alto valor y no tan solo el último acto o servidumbre 'estudiantil' antes de ser un doctor o experto reconocido en su ámbito. Por tanto la defensa pública de la tesis no es tan solo ‘el canto de cisne’ del doctorado y sus dificultades. También es un 'puñetazo en la mesa' de un nuevo experto que pide ser escuchado y valorado incluso más allá del trabajo o resultado concreto que presenta. 


Pues, no solo se presenta y defiende públicamente una tesis sino el proyecto investigativo que subyace a todo el doctorado. Y por supuesto también al doctorando que está concibiendo ese proyecto a medio o largo plazo y pide ser reconocido y valorado también por las expectativas que despierta, más allá del resultado concreto obtenido en la tesis. 

Por eso en la defensa pública de la tesis, el doctorando no sólo debe mirar y hablar del pasado y lo ya obtenido, sino también visualizar y mostrar la factibilidad de un proyecto de futuro. Evidentemente no debe caer en lo utópico, ingénuo o simplemente soñado, sino que debe expresar y valorizar el programa de investigación que ha ido naciendo alrededor de la tesis y que él en cierta manera encarna. 

Por eso, valiente doctorando que sabes que estás labrando tu futuro académico por unos cuantos años o, incluso, para toda tu vida académica: en la defensa oral y pública debes concentrar en unos pocos minutos todo lo hecho, pero también anticipar las tareas importantes abiertas que se desprenden de ello para una posterior y larga trayectoria investigativa personal o de un posible grupo. Y debes expresarlo de la mejor forma posible porque es la mejor manera de presentar tu candidatura para ello, de impulsar performativamente tus ideas y de ayudar a convertir tus palabras en 'predicciones autocumplidas'.

Atrevido doctorando, tienes que seducir a los presentes con tu gran idea e insinuar sus múltiples desarrollos (pues no podrás alargarte en cada uno de ellos). Tampoco puedes exponer toda su demostración rigurosa, pero tienes conseguir de alguna manera deshacer las dudas, prejuicios y malentendidos que pudieran haber entre los oyentes. Y debes evidenciarlo con claridad y brillantez, imponiendo el convencimiento entre los presentes de que sería inútil alargar el acto con solicitudes o críticas adicionales. 

Pensada la estrategia para conseguir esa ‘cuadratura del círculo’, crees que ¡ahora sí puedes descansar! Y esperar a que caigan en tus manos el ‘cum laude’ y el título de doctor, finalmente como la fruta que has ido madurando durante años. Pues bien, todavía no es así. Todavía necesitas llevar a cabo un esfuerzo más... si quieres ser reconocido como Philosophiae doctor o PhD.

Pues a veces olvidamos que el doctorado no evalua tan solo una investigación o proyecto doctoral, sino al doctorando mismo. Evalua también e incluso sobre todo a una trayectoria doctoral y al investigador que, con ella, demuestra que merece ser considerado entre la élite de expertos doctores no sólo como doctor, sino como investigador profesional que -por tanto- merece ser contratado y asalariado como tal.

¡Qué el frío resultado de la larga investigación doctoral no te distraiga del verdadero objetivo evaluador: testar -incluyendo un doctorado perfecto- las capacidades y habilidades de una persona que, muy probablemente, podrá dedicarse a la investigación con muchos otros proyectos futuros tanto o más complejos, difíciles, árduos...

Por tanto, se testa y evalura sobre todo al doctorando y en general, más que simplemente al concreto trabajo doctoral. Se escruta al investigador con sus potencialidades futuras y con las garantías pasadas que las demuestran, más que no una sola tesis doctoral. ¡Por dura y difícil que esta haya sido, y por sorprendente o incluso injusto que te parezca, és así! 


Eso explica que a veces se 'perdonen' algunos errores puntuales frente al potencial futuro del doctorando y del proyecto investigativo que está desarrollando. El tribunal y el público experto pueden entender que sería un crímen y una estupidez bloquear a un proyecto
 de alto y a la persona que lo está concibiendo simplemente por algunas deficiencias fácilmente subsanables. También explica que algunas tesis rigurosas e inatacables, pero sin profundidad, proyección ni ambición, en el fondo no despierten demasiado entusiasmo. 

Seguramente esta última tendrá la máxima nota pero es posible que, en un posterior concurso, se prefiera antes el doctorando con algun error pero con gran proyección investigativa, que una tesis perfecta ya clausurada en si misma y sin posible desarrollo posterior. Pues, como si fuera una bolsa académica, en los doctorandos y los jóvenes doctores no sólo se valoran los resultados ya obtenidos sinó las expectativas de innovación, creatividad e investigación por venir. Por eso, en el fondo, el doctorado -como se dice en economía- un mercado 'de futuros'. 

Puesto que el ‘cum laude’ o el título doctoral es la antesala necesaria de una larga carrera investigadora y docente, es evidente que lo más importante es decidir si se legitima o no a la persona del doctorando para ser reconocido ‘como uno de los nuestros’ -como dicen que dicen en la mafia-. 
Por eso, la defensa oral debe demostrar tanto la validez de la tesis concreta presentada, como la valía general y previsible en el futuro del investigador que, presentándola, se presenta a si mismo para acceder al reducido y selecto número de los expertos, los doctores, los investigadores profesionales...

Tanto el atribulado doctorando como el director o tutor de su tesis deben ser conscientes de ello. ¡Incluso y especialmente en el momento de la defensa oral de la tesis doctoral! Pues ésta, suele ser ¡y es muy bueno que lo sea! un preámbulo no lejano de la oposición o concurso para que el nuevo doctor pueda acceder a alguna plaza docente-investigadora más o menos fija.

En muchos sentidos, aunque habitualmente no se es del todo consciente de ello, la defensa oral de la tesis doctoral suele ser el ‘rito de paso’ necesario para acceder al ritual también ‘de paso’ más decisivo en la carrera académica: ganar una oposición y su correspondiente plaza.

Por tanto es aconsejable y muy necesario que en la defensa oral de la tesis, el doctorando se presente a sí mismo breve pero suficientemente como un doctor investigador fiable a largo plazo.


Para ello, es imprescindible una excelente defensa de la tesis pero, en esa ya difícil ‘cuadratura del círculo’, debe incluir una eficaz defensa de sí mismo en tanto que investigador fiable a largo plazo. Por tanto, debe explicar ¿cómo la tesis ahora acabada pasó a formar parte de la etapa más decisiva -hasta ese momento- en su carrera investigativa? De qué forma le ha marcado y formado académicamente para merecer ser reconocido -para siempre más- como doctor y -por tanto- legitimarle para presentar su candidatura a las plazas y cargos de los expertos consolidados.

Ello implica que también de forma breve pero convincente, el doctorando anticipe los trazos esenciales que ha planificado para sus investigaciones futuras y para la trayectoría académica que tiene prevista para el porvenir. ¡De toda buena tesis suele surgir un programa de trabajo e investigación a medio y largo plazo!

Y para terminar, unos breves consejos finales para ‘la guinda del pastel’ del doctorado que representa la defensa oral de la tesis:

- No cansar, no aburrir ni distraer al tribunal de lo esencial que acabamos de destacar. Como aconsejó el clásico para casi todo en la vida, la exposición oral si, además de buena, es breve, entonces dos veces buena.

- No repetir más de lo necesario lo que el tribunal ya ha leido de la tesis. Procurar hacer siempre una nueva e interesante valoración sintética, personal y rigurosa.

- Evitar leer un texto o exponer con monotonía. En cambio hay que procurar hablar con convicción pero tampoco como un iluminado (que puede ser confundido a veces con un locuelo).

- Dada la importancia del momento, para no correr ningún riesgo, por ejemplo de bloqueo personal, hay que tener preparado un texto al que refugiarse en caso de necesidad extrema y así no quedarse mudo, en blanco... ¡vendido y vencido! 

- Mucho más que en el día a día, en los momentos culminantes de una vida (y la defensa doctoral de la tesis, lo es) es necesario evitar cualquier posibilidad de error. Recordar la Ley de Murphy que inauguró -ya hace mucho tiempo- estas 'tesis sobre las tesis': Si algo puede ir mal. ¡Irá mal!

Por eso, como ejemplo menor, es desaconsejable invitar a la familia o a los más allegados a la lectura. Pues se ponen nerviosos porque siempre hay críticas y existe el peligro de que el doctorando se sienta avergonzado ante y desde la perspectiva de ellos o le encomienden su nerviosismo. ¡Es mejor celebrarlo y explicarles todo posteriormente! Disfrutarán más porque no tienen porqué entender la Academia ni el cainismo académico.


 


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